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Consería familiar es un programa presentado por Carlos Matos, Doris Uvan, Adolfo Mazariegos y Estibaliz Andino. Una de las puertas que menciona la Biblia que Dios se encargó de cerrar fue la del arca que construyó Noé, Entraron un macho y una hembra de cada clase, tal como Dios se lo había ordenado a Noé, y después el Señor cerró la puerta de la barca Génesis 7:16 DHH, al Dios cerrar la puerta, nadie mas pudo entrar y el resto de la historia ya la conocemos, ese sentido de “cerrar la puerta” es el mismo que requerimos en nuestra vida cuando lo que está por entrar no es bueno, la gente que murió en el diluvio había tenido oportunidad de entrar mientras era construida el arca, pero una vez cerrada la puerta no se le iba a abrir a nadie porque era necesario acabar con la maldad que Dios había visto en los hombres que habitaban la tierra.

También en nuestras vidas sucede que hay puertas que necesitan ser cerradas y en su momento viene Dios y cierra esas entradas para que nada nos llegue y nos lastime, o nos haga vivir cosas que no deberíamos vivir, mas sin embargo, a veces cometemos el error de impedir que sean cerradas o nosotros mismos las volvemos a abrir y la mayoría de las veces lo hacemos sin darnos cuenta.

Y es que basta con tan solo un pequeño descuido para que el enemigo aproveche y quiera entrar a traer nuevamente a nuestra vida las cosas que Dios ha sacado, sentimientos o errores pasados, cosas que ya nos han sido perdonadas y problemas o circunstancias que en su momento ya habían sido superadas, pareciera que detrás de esas puertas a veces nos cuesta cerrar, está el gran diluvio esperando entrar a destruirnos.

Muchas veces pedimos que nos sean abiertas las puertas de bendición, puertas por las que a veces estamos pidiendo sean abiertas, puertas por las que entren la paz y prosperidad, pero hay otras mas que son cerradas por nuestro bien, y así es que debemos mantenerlas, cada puerta que se cierra es como el fin de un ciclo, las puertas de lo que hace daño son difícil de cerrar pero muy fácil de abrir, para cerrar una necesitamos la ayuda de Dios, pero para abrirla basta con cometer una serie de errores que poco a poco la vuelvan a abrir, las puertas del dolor, del resentimiento, del pecado, están hechas para mantenerse cerradas, para no volverlas a abrir, es cierto que las puertas que Dios cierra nadie mas las abre, pero hay ocasiones que nosotros seremos responsables de poner de nuestra parte para que así permanezcan.

Gran parte de las veces que nos damos cuenta que abrimos una puerta indebida es cuando ya han entrado a nuestra vida sentimientos y situaciones que creímos ya haber superado, sutilmente el enemigo siempre tratara de entrar nuevamente a destruir lo que encuentre a su paso, pero depende de cada uno de nosotros ser cuidadosos con lo que permitimos que llegue a nuestra vida, a lo que damos lugar de entrada, Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. 1 Pedro 5:8 NVI

Permite que Dios sea el guardián de las puertas de tu vida, no des lugar a que regresen situaciones y cosas de las que ya Él te ha librado, a veces, con el mas pequeño detalle, permitimos que el enemigo tome ventaja y una vez entrando logre su cometido de hacernos daño, así como no es seguro que nuestra casa tenga las puertas abiertas a cualquier hora del día y mucho menos de la noche, tampoco lo es que nuestra vida, que es donde habita Dios, esté expuesta a al ladrón que quiere robarnos el gozo y la paz. Cierra las puertas, guárdate del diluvio para que la tormenta no pueda hacerte daño, permanece bajo la protección de Dios y deja que Él se encargue de lo demás.