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David adquirió extraordinaria experiencia al cuidar de las ovejas. El Salmo 78:70-72 afirma: «Eligió a David su siervo, y lo tomó de las majadas de las ovejas; de tras las paridas lo trajo, para que apacentase a Jacob su pueblo, y a Israel su heredad. Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón, los pastoreó con la pericia de sus manos».

El mismo Dios que preparó a David, también te ha estado preparando a ti a lo largo de tu vida. ¿Cuáles son tus habilidades? ¿y tus experiencias de vida? Creo que Dios por lo general toma los componentes básicos de nuestra vida y los usa para su gloria. ¿Has sentido alguna vez que tu habilidad laboral era inútil en las áreas de servicio a Dios?

Puede ser que Él tenga grandes planes para usarte, tal como eres, de una manera extraordinaria y poderosa. Nunca supongas que seguirle significa desechar la persona en la que Él te ha transformado. Pocas cosas parecen menos espirituales que cuidar de un grupo de ovejas malolientes. Sin embargo, Dios usó las habilidades de David para propósitos eternos.

El ejemplo de David nos enseña algunas verdades prácticas y maravillosas que podemos usar para ocuparnos de los gigantes de nuestra vida. En primer lugar, ilustra lo que nos dice la Palabra de Dios: que somos amados, talentosos y bendecidos. Podemos hacer cualquier cosa que Dios nos llame a hacer por medio de Cristo que nos fortalece (Fil. 4:13). Debemos confiar más en la Palabra de Dios que en las opiniones de los demás.

En segundo lugar, David nos recuerda que debemos medir el tamaño de nuestros obstáculos comparándolos con el tamaño de nuestro Dios. Goliat tenía una estatura de unos 2,80 m (9 pies) y estaba protegido por una armadura de más 60 kg (140 libras).

Tenemos tendencia a medir nuestros obstáculos comparándolos con la grandeza de Dios podremos superar nuestras batallas sin ningún esfuerzo. David aún tenía que enfrentarse con este obstáculo gigante y hacer uso de la fuerza que poseía, pero su confianza en Dios hizo que una simple piedrita golpeara como si fuera una gran roca.

En tercer lugar, David nos demuestra nuestra necesidad de reconocer a un Dios activo y viviente en nuestra vida.

¿Enfrentas cada circunstancia y conflicto como miembro del ejército del Dios vivo? ¿Consideras que Dios siempre es idóneo? ¿Permaneces en el nombre de Dios? Nuestra victoria no radica en que tengamos fe en nuestra espiritualidad, sino fe en nuestro Dios.

A menudo somos intimidados en la batalla porque no estamos seguros de nuestra fe. Debemos recordar que no obtenemos la victoria por causa de nuestra fe, sino por causa de nuestro Dios. La fe en sí misma carece de sentido. La fe en un Dios activo y viviente que mueve montañas.

Él está vivo, Él está activo y quiere que tú seas una prueba fiel de eso. Recuerda que la cruz habría sido la mayor derrota de Cristo si el pueblo no hubiera exclamado después: «¡Está vivo!».

Las historias no pueden terminar mejor que la de David y Goliat, ¿verdad? Vale la pena volver a contar algunas historias. Vale la pena creer en un Dios que vive.