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Si veis alguien estos días echando migas de pan al mar o a un río, posiblemente sea judío. Y es que del 20 al 22 de septiembre se celebra Rosh Hashaná, el fin de año de los judíos, un periodo que termina el 30 de septiembre con la fiesta del perdón y la expiación: el Yom Kippur.

La transposición al calendario gregoriano dice que el año judío, el 5.778, empieza este año del 20 al 22 de septiembre, pero de hecho los judíos utilizan un calendario lunar y consideran que estos dos días, son el primero y segundo del mes de tishrei. "Rosh" quiere decir literalmente "cabeza" en hebreo y " Hashaná " significa "el año". Se cree que este es el momento en que Dios acabó de crear el mundo y Adán y Eva echaron a andar por la Tierra.

Quizás para los cristianos las conmemoraciones del fin de año no tengan un significado espiritual concreto, pero no sucede lo mismo con el judaísmo. A partir del momento en que se pone el sol el primer día de la fiesta (para los judíos, los días empiezan en el ocaso), se hace sonar el shofar, un instrumento que consiste en una especie de cuerno de animal y que tiene la función de recordar a los creyentes la necesidad de meditar, de hacer autoanálisis y de retomar el camino de la justicia.

Como símbolo del destino venturoso que todo el mundo espera para el año siguiente, es costumbre comer alimentos especialmente dulces, y en concreto manzanas con miel o dátiles, pero también granadas (que representan la abundancia), zanahorias, calabaza o remolacha. A menudo hay oraciones concretas asociadas a algunos alimentos, que se consumen sólo porque su nombre tiene una similitud fonética o un significado relacionado con el beneficio que se desea obtener. Así, se comen cabezas de pescado mientras se expresa el deseo que la divinidad permita a quien lo hace ser "la cabeza y no la cola".

Durante el Rosh Hashaná los judíos se bendicen mutuamente y es costumbre rezar una plegaria especial cerca de una superficie de agua dentro de la cual se lanzan migas de pan, un símbolo con el que los creyentes se desprenden de sus pecados. También están invitados a perdonar y pedir perdón a sus compañeros, vecinos y amigos, en un periodo de reconciliación que dura diez días.

La fiesta termina con el Yom Kippur ("Yom" significa "día" y "Kippur", "expiación"; este año, el 30 de septiembre), que empieza al ponerse el solo el noveno día del tishrei y continúa hasta que se vuelve a poner el sol al día siguiente. Aquel día, se impone el ayuno, no se puede beber e incluso hay que abstenerse de cualquier tipo de limpieza corporal y de emplear cremas o cosméticos. Es costumbre vestir de blanco y no llevar zapatos, cinturones ni ropa de cuero.

Se cree que aquel día la Humanidad entera desfila ante Dios, que decide el destino de cada uno y determina quién vivirá y morirá aquel año, quien se enriquecerá o quien caerá en la pobreza... De ahí que, el día anterior al Yom Kippur, muchos judíos ortodoxos celebren el Kaparot, una costumbre que implica utilizar, según el sexo, un gallo o gallina (blanca, si es posible) que el fiel pasa tres veces sobre su cabeza con el fin que absorba sus pecados y garantice que el juicio divino será favorable. Sí, el Yom Kippur es una fiesta espiritual, pero acaba con una celebración muy alegre. Al ponerse el sol y terminar la jornada, momento marcado nuevamente por el sonido del shofar, la comunidad entera estalla en una fiesta de bailes y música. Se celebra la confianza en que Dios haya aceptado el arrepentimiento personal del creyente y la convicción de que le espera un año de alegría, salud y felicidad.