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Primer rey de Judá tras la división del pueblo en dos reinos. Roboam fue hijo y sucesor de Salomón, quien lo tuvo con la ammanita Naamah. Accedió al trono sin oposición, pero al negarse a suavizar los excesivos impuestos con que Salomón había gravado al reino en su tiempo, provocó la desunión.

Asesinado su emisario por las gentes del norte que se habían sublevado, el propio rey tuvo que huir desde Siquem a Jerusalén, en donde contó con reducido apoyo. Mientras tanto, los israelitas proclamaban rey a Jeroboam y formaban el Reino del Norte, llamado de Efraim y también de Israel.

Roboam no pudo guerrear contra el nuevo reino, dedicándose tan sólo a escaramuzas fronterizas, en un caldo de cultivo de verdadera guerra civil. Coincidiendo con estos hechos, hubo de soportar una incursión del faraón egipcio Sheshonq I, monarca que supo aprovechar la debilidad y enfrentamiento entre Judá e Israel. La campaña de Sheshonq fue muy violenta en ambos reinos, llegó a saquear el Templo de Jerusalén y a ocupar numerosas ciudades.

Tras la incursión egipcia, Roboam ordenó fortificar algunas ciudades y envió a sus numerosos hijos (tuvo 28 hijos y 60 hijas) a controlarlas, excepto a su preferido Abiyyah (Abías), que lo retuvo en Jerusalén, nombrándole heredero. Los hechos de los últimos años de Roboam se desconocen, aunque parece ser que se relajaron las costumbres religiosas ante la permisividad del rey. Fue sucedido por el indicado Abiyyah.