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La compleja entidad territorial y política que estuvo bajo un solo poder, el de la "monarquía unida", se rompe en dos a la muerte de Salomón: Israel al norte y Judá al Sur. También es una convención consagrada llamar a la serie Saúl-David-Salomón "monarquía unida", ya que sería más exacto llamarla simplemente "monarquía" (como 'gobierno o reinado de uno') puesto que lo "unido" no es el rey sino territorios y tribus, aunque no sin resistencias varias, como se ha visto.

Lo que en un determinado momento de la historia parecía ser un excepcional cuasi-imperio, hacia el 921 a.C. o cualquiera que fuese el momento de la muerte de Salomón, pierde su momentánea fuerza y cohesión, minado desde y durante el propio reinado de Salomón. El lujo de la corte, las nuevas fortalezas, el ejército, las grandes empresas comerciales con otros países, nada de ello puede ocultar que ese reino tenía grietas fatales. Gran parte de los súbditos debían estar más que descontentos con los altos impuestos y las levas de trabajos forzados.

Las naciones vecinas sometidas a tributo también esperaban cualquier muestra de debilidad para sacudirse el yugo. El Antiguo Testamento menciona tres enemigos o rebeldes en actividad ya antes de la muerte de Salomón: Jeroboam, un israelita de la tribu de Efraím; Hadad, un príncipe edomita; y Rezon, un arameo (IR 11,14-40). Y sin duda hubo algunos otros.

Los escritores bíblicos, que están más -o exclusivamente- preocupados con la vida religiosa de sus héroes que con la vida política de Israel, atribuyen el declive y ruptura del imperio salomónico al hecho de que el rey se apartase del sendero piadoso.

Es cierto que había construído el Templo de Yahveh y que en su dedicación había compuesto una oración que refleja una profunda experiencia espiritual, pero también se le atribuye una imprecedente poligamia e idolatría, por más que lo que se le reprocha en el texto bíblico es más lo segundo que lo primero (IR 11, 9-11). Es decir, no que tenga muchas mujeres ni que esas mujeres sean extranjeras, sino que se dejase dominar por ellas o que para contentar a los centros de poder de los que procedían accediera a cultos foráneos e idolátricos.

Fuentes para la historia de los Reinos de Israel y Judá

La fuente principal es desde luego la biblia hebrea, especialmente los libros históricos de Reyes y Crónicas. Alguna información adicional procede de los libros proféticos, como Oseas, Amós, Isaías y Jeremías. Reyes fue compilado durante el exilio, y Crónicas después del exilio, cientos de años después de los acontecimientos que se recogen en esos libros. Sin embargo, las narraciones están frecuentemente basadas en registros biográficos, cronológicos o analíticos, como el "Libro de los Hechos de Salomón" para el reinado de ese monarca (IRe 11,41), o el "Libro de las Crónicas de los reyes de Israel" para Jeroboam I (IRe 14,19), y el "Libro de las Crónicas de los Reyes de Judá" para Roboam (IR 14,29).

Algunas informaciones contenidas en los libros históricos de la Biblia se han revelado como fidedignas al poder contrastarse con registros cuneiformes contemporáneos encontrados en los archivos asirios y babilónicos. También los descubrimientos arqueológicos y epigráficos, como la inscripción de Siloam en Jerusalem y las excavaciones en Lachish y otros yacimientos proporcionan documentación adicional y corroboran las informaciones bíblicas acerca del reinado de Ezequías, por ejemplo.

Así la historia de los reinos de Israel y Judá puede reconstruirse con mucha más exactitud que las etapas anteriores, y no sólo por más cercana en el tiempo, sino porque las fuentes no se reducen ya a los solos libros históricos de la Biblia, sino que son suplementadas por documentos extrabíblicos y por datos arqueológicos.

La división del reino de Salomón

Tan pronto como Salomón cerró los ojos para siempre, comenzaron los problemas. El príncipe heredero e hijo de Salomón parece haber sido aceptado sin oposición como rey por las tribus meridionales de Judá y Benjamín. Pero fuertes fermentos políticos entre las tribus del norte hicieron ver a Roboam que necesitaría la conformidad de esas tribus antes de que pudiera gobernar efectivamente sobre todo el país.

Representantes de todas las tribus septentrionales se reúnen en Siquem para la hipotética coronación de Roboam sobre todo el componente territorial y humano del anterior reino. Siquem no está en Judá, sino en el corazón del territorio poblado por las tribus del norte. Pudo haber sido escogido como lugar para la convocatoria como una concesiòn a las tribus septentrionales, aunque ya tenía precedente histórico como centro de reunión israelita (ver Jos 24).

La convocatoria de Siquem se abre con las quejas sobre los excesivos impuestos de Salomón y la política de levas. Jeroboam, un efraimita, asume el papel de portavoz de los disidentes.

Jeroboam había ya servido como capataz o jefe de leva en las empresas contructoras de Salomón en Jerusalem. Ya entonces pudo haber sido un descontento o subversivo, por lo que Salomón le persigue y trata de matarlo. Jeroboam huye a Egipto, donde el faraón Sisak le recibe con los brazos abiertos (I Re 11,26-40).

Al tener noticia de la muerte de Salomón, Jeroboam vuelve de Egipto y asume el liderazgo de las tribus del norte que habían ido a Siquem a negociar con Roboam sobre las condiciones en que le aceptarían como rey.

Roboam rechaza el sensato consejo de los más experimentados y no sólo no accede a las demandas sino que amenaza con aumentar las presiones fiscales y personales. La revuelta estalla entre los israelitas del norte y del este (Transjordania). Temiendo por su vida Roboam huye de Siquem hacia Jerusalem, mientras las tribus rebeldes anuncian su secesión de la casa de David y proclaman rey a Jeroboam (IR 12,1-20; IICr 12,15). Así nació el Reino de Israel, compuesto por las diez tribus del Norte. Roboam se quedó solamente con Judá y Benjamín, que se convirtieron en el Reino de Judá.

El profeta Semaia aconsejó a Roboam no ir a la guerra contra las tribus del norte. Aunque inicialmente Roboam escuchó a Semaia, luego parece haber tenido sangrientos choques con Jeroboam (IR 12,24; IICr 12,15).

En el quinto año del reinado de Roboam, el faraón Sisak I (Sesonq en las fuentes griegas) dirigió un ataque devastador contra Judá (IR 14,25-28; IICr 12, 2-4), que Sisak conmemoró en un relieve en el templo de Karnak. Ese ataque debió ser la causa de que Roboam fortificara más tarde las rutas que llevaban a Jerusalem (2Cr 11,5-12).

Roboam tuvo un gran harem, como su padre. La madre de Roboam, una ammonita del harem de Salomón, pudo influirle para estimular el culto de dioses paganos, cuyos ritos eran considerados una abominación por sectores conservadores de la sociedad judaita.(IR 14,22-24; 2Cr 11,21; 12,5).

Roboam reinó 17 años y murió hacia el 913 a.C.