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Ezequiel ministró a su generación que estaba sumergida en el pecado y la desesperanza. Por medio de su ministerio profético, él intentó llevarlos al arrepentimiento inmediato y a confiar en el distante futuro.

Él pensaba que:

(1) Dios trabaja a través de mensajeros humanos;
(2) Aún en la derrota y desesperación, el pueblo de Dios necesita afirmar la soberanía de Dios;
(3) La Palabra de Dios nunca falla;
(4) Dios está presente y puede ser adorado en cualquier parte;
(5) La gente debe obedecer a Dios si espera recibir bendiciones;
(6) El Reino de Dios vendrá.

¿Cómo puedes enfrentarte a un mundo extraviado? Ezequiel, destinado a comenzar el ministerio de su vida como sacerdote a la edad de treinta años, fue sacado de su país y llevado a Babilonia a la edad de veinticinco años.

Por cinco años se debatía en la desesperación. A los treinta años una visión majestuosa de la gloria de Yahvé cautivó su ser en Babilonia. El sacerdote/profeta descubrió que Dios no estaba confinado a las severas restricciones de su tierra natal. En cambio, Él es un Dios universal que manda y controla a las personas y a las naciones. En Babilonia, Dios impartió a Ezequiel Su Palabra para el pueblo.

Su experiencia de llamada transformó a Ezequiel. Se convirtió en un ávido devoto de la Palabra de Dios. Él se dio cuenta de que personalmente, no contaba con nada para ayudar a los cautivos en su amarga situación, pero estaba convencido de que la Palabra de Dios les hablaba sobre su condición y podía darles la victoria en ella.

Ezequiel utilizó varios métodos para comunicar la Palabra de Dios a su pueblo. Utilizó el arte al dibujar una representación de Jerusalén, y acciones simbólicas y conductas inusuales para asegurarse la atención de la gente. Se cortó el pelo y la barba, para demostrarles lo que Dios le haría a Jerusalén y a sus habitantes.