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El Libro de Rut fue escrito para los israelitas. Enseña que el amor genuino a veces puede requerir de gran sacrificio. Independientemente de nuestro lugar en la vida, podemos vivir de acuerdo a los preceptos de Dios. El amor y la bondad genuinos serán recompensados. Dios bendice abundantemente a aquellos que buscan vivir vidas obedientes. La vida de obediencia no permite “accidentes” en el plan de Dios. Dios extiende Su misericordia al misericordioso.

La trama del Libro de Ruth se inicia en el país pagano de Moab, una región al noroeste del Mar Muerto, pero después se transporta a Belén. Este relato verídico tiene lugar durante los tristes días del fracaso y rebelión de los israelitas, llamado el período de los Jueces. Una hambruna obliga a Elimelec y a su esposa Noemí, a emigrar de su hogar israelita al país de Moab.

Elimelec muere y Noemí se queda con sus dos hijos, quienes pronto se casan con dos mujeres moabitas, Orfa y Rut. Más tarde ambos hijos mueren, y Noemí se queda sola con Orfa y Rut en una tierra extraña.

Orfa regresa con sus padres, pero Rut determina quedarse con Noemí mientras viajan a Belén. Esta historia de amor y devoción cuenta el eventual matrimonio de Rut con un hombre rico llamado Booz, con quien ella tiene un hijo, Obed, quien se convierte en el abuelo de David y ancestro de Jesús. La obediencia lleva a Rut a formar parte del linaje privilegiado de Cristo.

El tema más importante en el Libro de Rut es del pariente-redentor. Booz, un pariente de Rut por parte de su esposo, actuó según su deber como se indica en la Ley Mosaica para redimir a un pariente pobre de sus circunstancias (Levítico 25:47-49). Este escenario es repetido por Cristo, quien nos redime de la pobreza espiritual y de la esclavitud del pecado.

Nuestro Padre celestial envió a Su propio Hijo a la cruz, para que pudiéramos hacernos hijos de Dios y hermanos y hermanas en Cristo. Al ser nuestro Redentor, nos convertimos en Sus parientes.