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El Libro de Esther se puede dividir en tres secciones principales. Capítulos 1:1 a 2:18 – Ester reemplaza a Vasti; 2:19 a 7:10 – Mardoqueo vence a Amán; 8:1 a 10:3 – Israel sobrevive al intento de Amán de destruirlos. La noble Ester arriesga su propia vida al darse cuenta de lo que estaba en juego.

Ella voluntariamente hizo lo que pudo haber sido una maniobra mortal, y denunció ante el rey a Amán, quien era el segundo al mando del reino de su esposo. Ella demostró ser una oponente inteligente y más digna, a la vez que humilde y respetuosa de la posición de su esposo el rey.

Es muy parecida a la historia de José en Génesis 41:34-37; ambas historias incluyen a monarcas extranjeros quienes controlan el destino de los judíos. Ambas narraciones muestran el heroísmo de individuos israelitas, quienes proveen los medios para la salvación de su pueblo y nación.

La mano de Dios es evidente, en lo que parece ser una situación desesperada, que en realidad está bajo el control total del Dios Todopoderoso, quien en última instancia tiene en mente el bien de la gente. En el centro de esta historia está la continua división entre los judíos y los amalecitas, cuyo inicio fue registrado en el Libro de Éxodo.

El objetivo de Amán es el esfuerzo final registrado en el período del Antiguo Testamento, para la completa extinción de los judíos. Eventualmente, sus planes terminaron con su propia muerte, y la elevación de su enemigo Mardoqueo a su propia posición, así como la salvación de los judíos.

El ayuno es un tema importante en este libro. Hay diez banquetes registrados, y muchos de los eventos fueron planeados, conspirados, o expuestos en estos banquetes. Aunque el nombre de Dios nunca se menciona en este libro, es evidente que los judíos de Susa buscaron Su intervención cuando ayunaron y oraron por tres días (Ester 4:16).

A pesar de que la ley que autorizaba su destrucción fue escrita de acuerdo a las leyes de los Medos y Persas que la hacían inalterable, el camino fue despejado para que sus oraciones fueran contestadas. Ester arriesgó su vida al presentarse ante el rey sin haber sido invitada, no una, sino dos veces, (Ester 5:1-2; 8:3). Ella no estaba satisfecha con la destrucción de Amán; ella estaba decidida a salvar a su pueblo.

La institución de la Fiesta del Purim está escrita y preservada para que todos la vean y aún es observada en la actualidad. Al pueblo elegido de Dios, sin ninguna mención directa de Su nombre, le fue concedida la suspensión de su ejecución a través de la sabiduría y humildad de Ester.