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En este poema, Salomón compara nuestros errores con la trampa de un cazador. Cuando un cazador trabaja, puede construir trampas. Esconde sus trampas para que los animales no las vean. Espera que los animales caigan en sus trampas. Entonces él puede matar y comerse a los animales.

En nuestras vidas, nuestros errores pueden ser como trampas. Tal vez queremos hacer lo correcto. Quizás nuestros planes son buenos. Pero nuestros mejores planes podrían fallar. Entonces, como una trampa, nuestros planes pueden destruirnos.

En el versículo 1, el hijo de Salomón tenía buenas intenciones. Quería ayudar a su vecino. El hijo confiaba en el vecino. El hijo trató de hacer lo correcto, pero el vecino no hizo lo correcto. Si su vecino no podía pagar, el hijo de Salomón prometió pagar en su lugar. Ahora, su vecino no ha podido pagar. El prestamista espera que el hijo de Salomón pague. El plan del hijo falló y ahora está en peligro.