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Nuestras acciones, como nuestras palabras, son importantes para Dios. En el trabajo, no debemos engañar a otras personas. Debemos ser justos. En una tienda, un kilo o libra de peso debe ser exacto. Si usamos mediciones falsas, les mentimos a nuestros clientes. Deberíamos ser honestos.

La gente humilde sabe que Dios es grandioso. A Dios le gustan las personas humildes.

A Dios le gustan las personas humildes porque cuidan de otras personas. Una persona humilde considera que otras personas son importantes.

Una persona orgullosa solo piensa en sí misma.