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Las actitudes del corazón son esas decisiones que tomamos en todo momento ante las circunstancias que la vida nos presenta, vivimos tiempos difíciles, en los que está siendo probada nuestra fe, en los que los días pasan y la situación que se vive a nuestro alrededor es cada vez más complicada, cómo estamos viendo las cosas? Las vemos a través del temor, la impotencia, la inseguridad? O vemos las cosas a través de los ojos de la fe y de la confianza en Dios.

En la biblia existe una historia en la que se ilustra claramente cómo la actitud de nuestro corazón puede cambiar para bien o para mal la forma de enfrentar las dificultades que se nos presentan. Esta historia está en el Libro de Números, empieza en el capítulo 13 cuando Dios habla a Moisés diciéndole que envíe hombres que reconozcan la tierra de Canaán, es una tierra que Dios iba a dar a los hijos de Israel, y Moises decide enviar a todos los varones que eran príncipes de los hijos de Israel, 12 espías enviados con las instrucciones de observar cómo era aquella tierra y cómo era el pueblo que la habitaba, si eran débiles o fuertes, si eran muchos o eran pocos, si la tierra era buena o mala cómo eran los campamentos o plazas, si el terreno era fértil o era estéril y si había árboles o no y que debían esforzarse y tomar del fruto del lugar.

Dice la historia que al cabo de 40 días volvieron y se presentaron a Moisés y Aarón y a toda la congregación y mostraron el fruto y les contaron que en aquella tierra en verdad si fluía leche y miel, pero que el pueblo que vive allí es fuerte, las ciudades grandes y fortificadas, diciendo “No podremos subir contra aquel pueblo porque es más fuerte que nosotros”, y dice la escritura que hablaron mal diciendo que aquella tierra es tierra que traga a sus moradores y los hombres que habitan allí son de grande estatura, vieron gigantes y se vieron así mismos como langostas.

Los espías enviados eran príncipes de los hijos de Israel, pero no todos vieron las cosas de la misma forma, no todos tomaron la misma actitud, la mayoría de ellos dice la historia que vieron lo malo, no vieron todo lo bueno que había en ese lugar, vieron al pueblo más fuerte que ellos, las ciudades grandes y fortificadas, hombres de gran estatura que se tragaban a sus moradores, gigantes y ellos langostas, una actitud completamente temerosa, insegura, débil y que prometía un fracaso seguro, una posición completamente negativa y pesimista. Dónde estaba el Dios en el que ellos confiaban? Dónde estaba el Dios que les había sacado de Egipto y que había abierto el mar ante sus ojos? Para aquel pueblo todas sus ilusiones estaban perdidas y dice la palabra que toda la congregación gritó y dio voces y lloraron toda aquella noche, quejándose contra Moisés y Aarón.

A todos nos viene el día de la prueba y este era un momento completamente oportuno para conocer la fe que cada uno tenía, la actitud de algunos de los 12 espías puede reflejar la forma en la que a veces vemos las cosas, somos valientes, somos osados, somos perfectos y poderosos hasta que vemos algo que en apariencia es más grande, más poderoso, más fuerte que nosotros, allí nos derrumbamos, perdemos las esperanzas, la tristeza inunda el corazón y se conmueven los cimientos de la fe que profesamos.

Lo más triste es que detrás de esa actitud viene la queja, la amargura, el recriminar a Dios la situación en la que estamos y así como este pueblo hizo, podemos desear hasta la muerte y no solo eso, dice la escritura que pensaron en designar un capitán y volver a Egipto, a qué punto puede ser probada nuestra fe que podemos pensar en abandonarlo todo y olvidarnos de Dios y de su poder. Si los doce espías hubieran opinado igual, no sé cuál hubiera sido el final de esta historia, sin embargo la actitud del corazón de dos de ellos Josué y Caleb fue completamente diferente.

Dice la palabra en Números 14:6-9 dice “Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis.”

Esta es una preciosa palabra para recordar hoy y pensar cuál es la actitud de mi corazón? Veo mis gigantes con los ojos de la angustia, la impotencia y la desesperación? O veo mis gigantes con los ojos de mi fe en Dios que es poderoso y que ha vencido al mundo?

Esta declaración de Josué y Caleb hoy sigue viva y EL Señor vuelve a recordarnos, que no seamos rebeldes contr Dios, que volvamos a Él nuestros caminos, y que si El se agrada de nosotros, seremos más que victoriosos, y a los gigantes los comeremos como pan, porque con nosotros está El Señor, no temeremos!

Vivimos días en los que nuestra fe está siendo muy probada, y no sabemos cómo terminará este tiempo que estamos viviendo, sin embargo si sabemos en quién hemos confiado y en quién debemos confiar, El Señor está con nosotros, no temeremos a los gigantes de enfermedad, de angustia, de impotencia, de falta de fe que vienen cada mañana a despertarnos, no seamos parte del grupo de los espías que vieron todo con angustia y sin esperanza, reavivemos nuestra fe, nuestra esperanza en Dios, activemos en nuestro corazón todas las promesas que están en Su palabra y vivamos cada día con la actitud con visión de fe y de victoria, no nos veamos como langostas, no como perdedores, no pensando en volver atrás, sino digamos como estos dos espías: si El Señor se agrada de nosotros, Él está con nosotros, no temeremos!