La palabra quebrantamiento señala la violación de una ley, norma o contrato anteriormente establecido. Tiene su origen del latín vulgar, crepantare, que al mismo tiempo se vincula de manera directa con el verbo creapre, teniendo en cuenta que a la traducción dichos términos se pueden leer como rasgarse o crujir.

Podemos llevar mucho tiempo de ser cristianos pero si no nos negamos a nosotros mismos no vamos a poder dar fruto y vamos a vivir en una vida de idas y vueltas como las olas del mar.

Si alguno quiere seguirlo debe morir a sí mismo, es decir, debe dejar de lado todas las actitudes y cosas que lo separan de Dios.

Es probable que estas cosas que nos separan de Dios estén tan profundamente arraigadas en nuestro ser que es imposible para nosotros mismos quitarlas. Es allí donde el Espíritu Santo nos debe quebrantar para quitar de nosotros todo aquello que no le agrada y que no le permite fluir.

A nosotros solo nos queda tomar la decisión, es decir, decirle a Dios: “Señor, haz lo que quieras en mi vida, me postro ante ti; haz conmigo lo que tú quieras. Conviérteme en la persona que quieres que sea, me rindo a ti y me entrego por completo.”

Debes renunciar a muchas cosas para que tu cascarón sea quebrado: Tu lógica, tu propia forma de juzgar las cosas, tu orgullo, tu ego, las relaciones con personas que no le agradan a Dios, tu temperamento, tus miedos, tus dudas, los rencores del pasado, etc.

.