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En Romanos 6, Pablo explica que todos somos esclavos. O somos esclavos del pecado o esclavos de la justicia. En Romanos 6, Pablo explica que todos somos esclavos. O somos esclavos del pecado o esclavos de la justicia. Aquellos que son esclavos del pecado no se pueden liberar a sí mismos de él.

Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.” Juan 8:36.

¡A través de Su muerte en la cruz, Jesús nos liberó de la ley del pecado y de la muerte! (Romanos 8:2) ¡La libertad en Cristo es una gracia que no podemos comprender!

Eso incluye la libertad de tantas cosas que experimentamos aquí y ahora en nuestra vida diaria.

Pecar, cometer pecado, es hacer lo que sabemos de antemano que está en contra de la Palabra y la voluntad de Dios. En Juan 8: 31-36 queda perfectamente claro que tenemos plena libertad para elegir no ceder cuando somos tentados a pecar.

“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres? Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.”

¡Esta es la verdadera libertad!

Tenemos la libertad de ya no ser atormentados por Satanás, no tenemos que escuchar sus mentiras y acusaciones sobre todo tipo de cosas. Somos libres de resistirlo y aplastarlo por debajo de nuestros pies. (Romanos 16:20) Cuando trata de hacer que lo escuchemos a él, podemos decirle: “¡No! ¡Yo fui comprado a un precio, y soy de Cristo y no tendré nada que ver contigo!” ¡Gloria a Dios porque tenemos esta libertad!