Hazte socio de radio solidaria

Sin el Espíritu Santo no podemos ver nuestro pecado. Con la ayuda del Espíritu Santo, podemos ver claramente nuestro pecado en contraste a la santidad del Espíritu. El Espíritu Santo convence al mundo del pecado, justicia, y juicio (Juan 16:8). Sin el Espíritu Santo no podemos ver nuestro pecado. Con la ayuda del Espíritu Santo, podemos ver claramente nuestro pecado en contraste a la santidad del Espíritu. Esto nos humilla y nos trae a un lugar de rendición.

Lucas 3:22 y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.

Jesús quería vivir todo lo que un cristiano debe vivir. Para hacer lo correcto también, fue bautizado y orando el cielo se abrió, ¿Ud. quiere que el cielo se abra? Entonces ore, porque es la única manera de que suceda lo que sucedió: el cielo se abre y desciende el Espíritu Santo sobre Jesús.

Así pasa sobre la persona que obedece el ejemplo de Jesús. ¿Por qué vino como paloma?, porque ellos debían testificar de lo ocurrido, debían verlo y créame, hay que creer para ver, pero algunas veces, por su gran misericordia, Dios nos hace ver para creer.

Y pasó algo maravilloso: los tres, Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, estaban en ese momento presentes, para empezar el plan de salvación.

Siempre el enemigo quiso poner en duda la divinidad de Jesús, por eso Dios el Espíritu Santo, inspira a Juan el Apóstol para escribir el evangelio más maravilloso y espiritual.

El enemigo odia toda la Biblia, pero especialmente odia el evangelio según San Juan. Por qué? Porque revela como ninguno la divinidad de Jesús. Escuche a Juan el apóstol: 1ª Juan 4:6 “Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error”.

Afirma “nosotros somos de Dios”, porque los judíos, como a Jesús mismo, trataban a los apóstoles como si no fueran de Dios, y sigue y dice: el que conoce a Dios no nos oye, el que no oye la enseñanza de Juan está escuchando un espíritu de error. Y en esto se conoce el espíritu de verdad y el espíritu de error que tenían los judíos de esa época, respecto fundamentalmente sobre la persona de Jesús.