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La voluntad de Dios se puede conocer y demostrar. Romanos 12:2 dice: "No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta". La voluntad de Dios es que lo conozcamos mejor, que seamos sus amigos y que lo amemos y le sirvamos con todo el corazón (Mateo 22:37, 38; Santiago 4:8). Podemos aprender cómo hacer la voluntad divina si estudiamos la vida y las enseñanzas de Jesús, quien no solo habló de dicha voluntad, sino que también la cumplió (Juan 7:16, 17). De hecho, respecto a su propósito en la vida, él mismo declaró: “He bajado [...] para hacer, no la voluntad mía, sino la voluntad del que me ha enviado” (Juan 6:38).

Dios nos asegura mediante su Palabra que “sus mandamientos no son difíciles de obedecer” (1 Juan 5:3, La Palabra de Dios para Todos). Desde luego, eso no significa que obedecerlos siempre será pan comido. Pero el esfuerzo bien valdrá la pena. Jesús mismo dijo: “Felices [son] los que escuchan la Palabra de Dios y la practican” (Lucas 11:28, El Libro del Pueblo de Dios).