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Podemos aprender cómo hacer la voluntad divina si estudiamos la vida y las enseñanzas de Jesús, quien no solo habló de dicha voluntad, sino que también la cumplió (Juan 7:16, 17). El pecado ha cegado a los hombres y mujeres, así que la persona que no ha sido salvada ve la vida de acuerdo con una perspectiva falsa. Pero los cristianos que han nacido de nuevo ven la vida no como una masa indefinida, confusa y sin sentido, sino como algo planeado y con propósito. Sus ojos han sido abiertos a la verdad espiritual.

En su sermón inaugural en Nazaret, Cristo dijo que una de las razones por las que había venido a la tierra era “proclamar […] la recuperación de la vista a los ciegos” (Lucas 4:18,). El evangelio de Cristo nos ayuda a ver nuestra necesidad y nuestra impotencia, y luego nos muestra la gracia redentora que Dios ha puesto al alcance de todo hombre y mujer.

En la Biblia somos llamados “hijos de la luz y del día” (1 Tesalonicenses 5:5), porque Dios quiso compartir sus misterios y secretos con nosotros. Ya no estamos en tinieblas y sabemos de dónde vinimos, sabemos por qué estamos aquí y sabemos adónde vamos.

En Efesios 1:9-10 nos enteramos de uno de los misterios de Dios que Él ha revelado. “Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad conforme al buen propósito que de antemano estableció en Cristo, para llevarlo a cabo cuando se cumpliera el tiempo: reunir en él todas las cosas, tanto las del cielo como las de la tierra”.

Es la voluntad de Dios que en algún momento en el futuro, tal vez muy pronto, estemos todos juntos con Él.

¿Y cuál es la voluntad de Dios para nosotros hoy? A lo largo de las edades ha sido el deseo del corazón de hombres y mujeres devotos conocer y seguir la voluntad de Dios cada día. David dijo: “Enséñame a hacer tu voluntad” (Salmos 143:10).

¿Está usted dispuesto a hacer la voluntad de Dios? .