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Podemos aprender cómo hacer la voluntad divina si estudiamos la vida y las enseñanzas de Jesús, quien no solo habló de dicha voluntad, sino que también la cumplió (Juan 7:16, 17). El Padre se regocija cuando sus hijos producen fruto. Observa que tiene cuidado especial al podar, limpiar a todos aquellos que llevan fruto para que ¡lleven más! El Padre no quiere más ramas en la vid... quiere ramas fructíferas, no, ramas ABUNDANTEMENTE fructíferas, ramas que den fruto a su máximo potencial. Hoy, muchos cristianos se hacen a un lado esperando que alguien más “se encargue del show” en lugar de ellos. Un “profesional”, porque ellos no son.... “profesionales”, pero Pedro y los otros – la mayoría de ellos pescadores – del primer siglo no eran profesionales en ese sentido. ¡No se graduaron de ningún seminario y ni siquiera lo necesitaban! ¡El único título que tenían era el de pescadores! Hay algunos por ahí que aunque han creído, no se les ve que lleven fruto en su vida. Una vida cristiana sin cambio, es una vida cristiana sin fruto, son una contradicción de sí mismos. Y con esto no quiero decir que cristianos apasionados con celo de Dios y su Palabra no cometen errores, ¡claro que sí!. Pero cristianos apasionados rechazan el llamado masivo, que dice: “sigue la corriente... es suficiente con ir el domingo al templo, sentarse en la banca, cantar y escuchar el sermón, luego regresar a casa y olvidarse de todo hasta el próximo domingo”. Los cristianos apasionados no se arriesgan. No se conforman con menos. Buscan a Dios y quieren crecer en Él, quieren acercase más y más a Él y a Su Hijo, quieren que Cristo se manifieste en sus vidas tanto como sea posible. Los cristianos apasionados tienen, valga la redundancia, pasión por el fruto y visión por Cristo, y la novedad es que Dios quiere que seas como ellos, quiere que seas un CRISTIANO APASIONADO o por decirlo de otra forma un cristiano con pasión por Dios. Un cristiano caliente, no uno tibio (Apocalipsis 3:15), que seas una rama fructífera que florece y da fruto a su máxima potencia. De eso se trata la vida cristiana.