En un culto de hace bastante tiempo ocurrió un episodio que viene a mi memoria repetidamente, no porque quiera volver al pasado, sino porque fue de una gran enseñanza. Hay personas que niegan rotundamente la existencia de los milagros y en cambio se conforman con atribuir determinados acontecimientos a la suerte o la casualidad.
En otras palabras cambian lo que es una evidencia por algo que no tiene el menor sustento lógico y mucho menos con fundamentos de racionalidad. Es muy parecido a que algo que ocurrió, justificarlo por la simpleza más que elemental de decir que... ocurrió.
Nada más!
Sin embargo hay situaciones que resultan tan tremendamente reales, que cuesta trabajar comprender el por qué de tanta negación de hechos que son sobrenaturales.
En estas horas, uno de los dos milagros que reconozco y agradezco en mi familia, celebra un nuevo cumpleanos. Recuerdo que el día que nació una médica me dijo que era el resultado de la ciencia.
Yo le respondí: Es verdad, Dios la capacitó a Ud. para que a través de la ciencia pudiera ocurrir un Milagro. Ella se retiró ofuscada. Lamenté profundamente que se negara la alegría y el reconocimiento que tenía en mi corazón.