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Es notable que del mismo modo que desechamos aquello que consideramos que ya no nos es útil, lo hacemos con las personas que en un determinado momento pasaron a formar parte de la lista del olvido. Mirando partes de equipos en desuso, no pude sustraerme al pensamiento de lo que ocurre con las cosas que un día consideramos que ya no son útiles.

Simplemente las apartamos y las reemplazamos por otras, sin valorar lo que nos sirvieron ni el valor que le concedimos.

Si estas consideraciones las aplicamos a las personas, entonces los conceptos adquieren otra dimensión que nos provoca una profunda reflexión acerca de la falta de sensibilidad con la que obramos.

Es notable que del mismo modo que desechamos aquello que consideramos que ya no nos es útil, lo hacemos con las personas que en un determinado momento pasaron a formar parte de la lista del olvido.

Si me presentara ante Jesús con esa lista, que me diría?

Seguramente me mandaría a pedir perdón a cada uno de ellos, por la soberbia y la jactancia de sentirme superior y de considerar que ya no adecuados para mi vida. Y también les debería de pedir perdón, por olvidarme que el Eterno nunca abandona a los suyos.