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Por sorprendente que resulte el mundo admira a quienes hacen pública ostentación de su riqueza, de su poder, de su importancia. Por sorprendente que resulte el mundo admira a quienes hacen pública ostentación de su riqueza, de su poder, de su importancia. No solamente los admira sino que también asume como propios los logros de otras personas, viviendo a través de ellos una fantasiosa realidad completamente ajena a lo concreto de cada día.

Es triste comprobarlo y más triste todavía, saber que entre los creyentes existen situaciones parecidas, dejando que la mente domine los fundamentos de la fe.

Comprobando una vez más esta realidad, dirigí mi atención hacia Jesús, el modelo perfecto para todos nosotros, porque su admirable Ministerio Terrenal, nos dejó enseñanzas imperecederas.

El Hijo del Hombre se mostró manso y humilde, sin tener posesión alguna, pero seguro de que su Obra sería la mejor muestra de su Deidad y de su Majestad.

Como es posible esto?

Porque la Grandeza de Jesús, no está relacionada con ninguna muestra humana de riqueza, carece de cualquier forma de ostentación y su relevancia es ejemplar para los humanos. ÉL es el Camino hacia la Verdad y la Salvación.