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Una madre se quejaba amargamente de le pesada carga que suponían en su vida sus tres hijos. Decía: Me quitan la libertad, me agobian con sus problemas y me complican con sus horarios. Una madre se quejaba amargamente de le pesada carga que suponían en su vida sus tres hijos. Decía: Me quitan la libertad, me agobian con sus problemas y me complican con sus horarios.
Pensando que se trataba de un momento de mal humor, no le respondí. Pero cuando insistió luego de algunos días, la invité a recordar los tiempos de su niñez, cuando ella le quitaba la libertad a sus padres, los agobiaba con sus problemas y los complicaba con sus horarios.
Ella se sonrió y me contestó: Si es lo mismo que he dicho antes. Obviamente a partir de ese momento, pudimos reflexionar sobre algo que se repite con la rigidez de un ciclo vital.
Quienes hoy somos padres o abuelos, también fuimos niños y también le hicimos a nuestros mayores, lo mismo que nuestra descendencia nos hace en el tiempo presente.
Lo importante es recordar que somos padres por la Gracia del Eterno y que nuestra responsabilidad es hacer de nuestros hijos, hombres y mujeres fieles a Jesús. Y educarlos en los principios de nuestra Fe!