El mundo desde siempre, atribuyó a Dios los males que padeció y que padece, acusándolo de falta de Amor y de Misericordia. El mundo desde siempre, atribuyó a Dios los males que padeció y que padece, acusándolo de falta de Amor y de Misericordia.

Usando argumentos supuestamente morales, los hombres nos atrevemos a cuestionar al Eterno, atribuyéndole a su Majestad, lo que no es otra cosa que el resultado de nuestra propia maldad.

La Biblia nos anunció que precisamente por causa de la maldad, la fe de muchos se enfriará y es exactamente lo que está ocurriendo en nuestros tiempos.

Siendo consciente de mi propia responsabilidad, es legítimo preguntarse qué estoy haciendo para llevar Luz a los ciegos y cordura a los obstinados que se resisten a ver?

No tengo muchas posibilidades de negar lo evidente y también de que debo actuar con firmeza y valentía frente a la malignidad del mundo y a su osadía para renegar del Supremo.

Solo sabiendo que mi firmeza y mi valentía provienen de lo Alto, será posible que deje de ser un testigo complaciente y un hombre que deberá responder en el Juicio.