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Las cuestiones relacionadas con la Santidad de Dios, son tan relevantes que su Palabra nos revela hasta los cuidados más detallados que debían de cumplir quienes servían en el Templo. Las cuestiones relacionadas con la Santidad de Dios, son tan relevantes que su Palabra nos revela hasta los cuidados más detallados que debían de cumplir quienes servían en el Templo.

Uno de esos detalles era el de que las vestiduras de los sacerdotes debían ser de lino, para preservar al máximo la higiene personal de quienes servían en tan altas funciones.

Dios es un Dios de grandes y de pequeños detalles.

Tanto unos como otros, responden a que su Majestad es tan infinitamente elevada con relación a los hombres, que debe enseñarles acerca de como la deben considerar y de cómo deben preservar ellos mismos su aseo personal.

Trazando una alegoría con todo lo expuesto, podríamos preguntarnos: Cómo somos de cuidadosos con el templo que simbolizamos con nuestro cuerpo?

Esta cuestión que puede parecer ajena al sentido de todo lo que se nos indica en el Antiguo Pacto, tiene no solo el valor de la simbología sino también el valor de la realidad.

Algo que en la práctica debemos de hacer efectivo en cada uno de nuestros actos, de ahí que resulte más que conveniente que consideremos que el lino tiene sus especiales virtudes.

Una de ellas es la de evitar que ante el esfuerzo, nuestro físico produzca los efectos considerados como efluvios que pueden afectar la limpieza del Templo.

Qué Templo?

El Templo que simbolizamos con nuestro cuerpo. De allí su importancia y de allí también la necesidad de recordar que somos la Iglesia viva, la que está encarnada en nuestra propia existencia.

Por eso es que se nos enseña que es errado decir que vamos a la Iglesia, cuando en realidad deberíamos decir que vamos al culto, porque nosotros mismos somos la Iglesia viviente.

Razón más que suficiente para que cuidemos nuestro cuerpo, con el mismo esmero que el Eterno demandaba a quienes cumplían funciones en el Templo.

El lino representa de esta manera el nivel que el Supremo reclama de quienes le servimos cotidianamente, para que seamos dignos de tan alta distinción.

Somos Mayordomos de nuestro cuerpo material, porque somos el Templo viviente de la Iglesia que Jesús estableció en la Tierra. Razón de más para que usemos el lino simbólico de nuestra santidad.