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Alguien hablaba de la decadencia de la especie humana, argumentando que cada día precisamos más ayudas para poder vivir. Y lo grave era que nada aseguraba que estemos viviendo mejor. Alguien hablaba de la decadencia de la especie humana, argumentando que cada día precisamos más ayudas para poder vivir. Y lo grave era que nada aseguraba que estemos viviendo mejor.

Esta sorprendente evaluación del tiempo presente, nos debe llevar a analizar la cuestión más elemental: Esto es una verdad en mi vida cotidiana?

Vivo mejor o peor?

En qué sentido?

Para decirlo de otra manera: La humanidad en su conjunto está evolucionando o involucionando?

Por la experiencia que supuestamente conceden los años, tal vez podríamos reconocer que en algunos aspectos no somos mejores que antes.

Sencillamente porque el modernismo o progresismo o cómo le queramos llamar nos está induciendo a vivir de una manera que se aleja casi por completo del ideal espiritual y moral bajo el que deseamos regir nuestra conducta.

Porque es verdad que en algunos aspectos hemos avanzado como nunca, pero con el alto costo de perder nuestra individualidad y convertirnos en un colectivo de miles de millones de personas.

No estamos exaltando al hombre desde la perspectiva humanista, pero destacando que cada día perdemos una parte de nuestra propia esencia. Con quién? O con quienes?

Esa es la gran cuestión! Somos lo que otras pocas personas quieren que seamos, abandonando prácticas que fueron hermosas, por otras que nos alejan casi con violencia de los principios en los que creemos.

Una de ellas, es la del cuidado con los más débiles de la sociedad: las viudas y los huérfanos. Pero esencialmente el mundo nos lleva a olvidar a dar Amor y brindar Misericordia al prójimo.

Jesús nos enseñó que ese era el principio fundamental en el que se basaba el Reino que ÉL vino a anunciar que se estaba acercando. Y pareciera que cuanto más próximo está, más lejanos nos parecen los fundamentos del Mensaje de Salvación.

Hoy mismo es necesario reflexionar acerca de cómo vivimos, si lo hacemos de acuerdo a las normas en las que creemos o si por el contrario vivimos como el mundo quiere que lo hagamos.

En esa diferencia, está la respuesta fundamental en estos difíciles tiempos en los que nos toca vivir. Recordando que quién nos demandará nuestros comportamientos en el Juicio, es el mismo que está a nuestro lado para siempre.