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Un científico con destacada actuación en los nuevos campos de las tecnologías formuló un anuncio sorprendente: Los hombres llegaremos a amar a las máquinas... y las máquinas amarán a los hombres. Un científico con destacada actuación en los nuevos campos de las tecnologías formuló un anuncio sorprendente: Los hombres llegaremos a amar a las máquinas... y las máquinas amarán a los hombres.

El concepto de amor trasladado a una máquina, además de sorprendente tiene sus implicancias. Será esto posible, que amemos a artilugios creados por el hombre?

No es un robot el producto de la creación de la mente humana?

El mismo científico planteaba la necesidad de un debate ético sobre la nanotecnología y también sobre la inteligencia artificial, a los efectos de determinar los límites más adecuados.

El histórico debate entre lo moral y lo científico adquiere proyecciones mayores, si lo relacionamos con el principio del Amor, que planteó Jesús como forma superior del relacionamiento entre los hombres.

Ese Amor, con mayúscula y con relación a los débiles y al prójimo, puede ser aplicable a una máquina?

Habrá quienes en este mundo tan lleno de frivolidad y de pasión por lo novedoso puedan adherirse a esta propuesta. Pero, desde la perspectiva de quienes deseamos vivir bajo la Gracia, de ninguna manera podremos aceptar amar a una máquina.

NO es eso lo que Jesús estableció como Mandato!