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Un hombre murió en plena calle y cuando fue encontrado por las asistencias, pudieron comprobar que tras el infarto, algunas personas lo despojaron de todas sus pertenencias, incluso los zapatos. Un hombre murió en plena calle y cuando fue encontrado por las asistencias, pudieron comprobar que tras el infarto, algunas personas lo despojaron de todas sus pertenencias, incluso los zapatos.

Al margen de lo anecdótico y de las sonrisas fuera de lugar, es más que triste pensar que puedan ocurrir episodios de esta naturaleza en una gran ciudad, en una gran capital.

A qué nivel de miseria estamos llegando los humanos?

Porque es fácil imaginar que quienes le robaron al muerto, necesariamente tuvieron testigos, que con su indiferencia fueron cómplices del episodio.

Robar se roba, pero a un muerto conlleva un cambio de actitud que nos deja perplejos, porque se nos debe suponer que como sociedad avanzamos hacia el progreso y la consideración.

Puede que a alguien le resulte divertido lo ocurrido, seguramente porque su actitud hubiera sido igual a la de los testigos, que con su indiferencia se convirtieron en cómplices por omisión.

El mensaje de Jesús de cuidar y amar al prójimo, tiene a muchos hombres y mujeres que todavía no lo han escuchado. Y esa es nuestra responsabilidad, la de cada uno.