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En estos días en los que el mundo observa con preocupación creciente todo lo relacionado con el coronavirus, se levantan voces acerca de la maldad de Dios. En estos días en los que el mundo observa con preocupación creciente todo lo relacionado con el coronavirus, se levantan voces acerca de la maldad de Dios.

Es como si se atribuyera al Eterno todo lo malo que ocurre a los hombres y al planeta en el que vivimos. Tal vez sea la manera más cómoda de quitarnos cualquier responsabilidad sobre lo que ocurre o sobre lo que nos ocurre.

Es muy fácil responsabilizar a otro y más fácil todavía a quién no se defenderá ni levantará su voz para explicar nada. El Supremo no tiene nada que explicarnos!

Siendo así, por qué no pensamos en los hombres?

En nuestra propia maldad?

O pensamos que somos perfectos y que la maldad que cada día gana una batalla más, es producto de la maldad Divina?

La maldad del hombre destruye vidas, ideas, bienes y a la propia Tierra. Con nuestra maldad dejamos de respetar lo verdadero y nos lanzamos a llamar a lo malo bueno, para luego justificarnos y como siempre, trasladar la culpa a otros o a otro, como en el caso de Dios.