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El hombre que fuera elegido para suceder al rey Saúl, siempre ha sido ejemplar en su relación con Jehová. El hombre que fuera elegido para suceder al rey Saúl, siempre ha sido ejemplar en su relación con Jehová.

Esa fidelidad superior que exhibió a lo largo de su vida, lo llevaron a ocupar un lugar único en la historia de Israel y a ser distinguido por la promesa de que de su casa nacería el Mesías.

¿Qué podemos aprender de esto?

Lo primero y más importante es la profunda convicción que tenía aquel sencillo pastor, de que todo dependía de la Voluntad del Eterno! ¡Todo! Lo Bueno y lo malo, sin distinción.

Por eso podemos ver que en los Salmos que escribió, siempre sus pedidos son directos, sin medias palabras ni adornos. ÉL sabía perfectamente que su relación con Dios debía ser de esa manera.

Así como lo declaraba Soberano sobre todas las cosas, así tenía que pedirle, reclamarle, alabarle y adorarle, en lo personal y en lo que concernía con su pueblo. Esta grandiosa lección, trato de aplicarla a mi vida, no porque sea bueno, sino porque Bueno es quién me sustenta.