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Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo, echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. (1 Pedro 5:6)

Durante los últimos días estamos viendo muchas imágenes sorprendentes de miles de personas en diferentes países del mundo, que sin ninguna dificultad ni problema están doblando una de sus rodillas y bajando sus cabezas en señal de apoyo y buscando con sus protestas que se aplique la justicia y se deje atrás el racismo en cada nación.

Tristemente a veces es tan sencillo mostrar solidaridad y doblar rodillas porque todo el mundo lo hace o por una causa común, pero en el fondo de los corazones no hay un quebrantamiento de sincero corazón. El mundo se pone de rodillas, pero tristemente siguen de pie ante Dios. En tiempos antiguos, los hombres se arrodillaban ante los señores feudales y reyes en señal de respeto, obediencia y lealtad, hoy en día es difícil que una personas doble rodillas y más difícil aún es doblegar el corazón.

La escritura de hoy dice que nos humillemos bajo la poderosa mano de Dios para que Él nos exalte cuando fuere tiempo, echando toda nuestra ansiedad sobre Él porque Él tiene cuidado de nosotros. Estas dos palabras se unen en esta escritura haciéndonos ver que una de las formas en las que podemos humillar nuestro corazón ante El Señor es echando toda nuestra ansiedad sobre El.

Humillarse bajo la poderosa mano de Dios quita mis manos de cualquier cosa que me sostenga y hace que me rinda a Su perfecta voluntad. Muchas veces nos aferramos a cosas en el corazón para sentirnos seguros y aún la preocupación y la ansiedad se vuelven parte de nuestro diario vivir y no la entregamos completamente porque mantienen activa nuestra mente a pesar de hacernos daño. Pero cuando tomamos la decisión de humillarnos ante la poderosa mano de Dios los argumentos sobran, el orgullo se abate y dejamos que El sea Dios sobre nuestra vida.

Estamos viviendo tiempos de quebrantamiento mundial en salud, en economía, en relaciones, en trabajo y en muchas cosas, es tiempo de vivir con un corazón que se quebranta y dobla sus rodillas ante El Señor.

Así que cuando veamos a personas que por una causa doblan sus rodillas sin ninguna mortificación y delante de miles de espectadores, no olvidemos humillar nuestros corazones delante del Señor y doblar nuestras rodillas ante el Rey del universo, hace cuánto que no doblamos rodillas ante nuestro Dios? Para nosotros los cristianos, es tiempo de doblar rodillas ante Dios, para vivir de pie ante el mundo!