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El desafío de retener el agua en el lugar más lluvioso de España

Hay un lugar en España donde llueve más que en Londres, pero en el que el agua escasea. Se trata de la Sierra de Grazalema (Cádiz). Por una parte, la roca caliza deja pasar el líquido y pronto desaparece de la superficie. Por otra, los veranos son cada vez más largos y secos. Es la ecuación del declive para el grupo animal más amenazado del planeta, los anfibios. Ahora cuatro jóvenes, a través de la asociación O-live, están luchando por evitarlo. Pero para ello se enfrentan al desafío de retener la lluvia en uno de los lugares más pluviométricos de España.

«En los últimos años, los veranos son cada vez más largos», explica Álvaro de las Heras, licenciado en Ciencias Ambientales y uno de los cofundadores de la asociación O-live. Si las últimas lluvias antes del verano se producen en abril, como ha ocurrido en 2019, para cuando vuelven a caer precipitaciones en septiembre ya no queda nada de agua en la sierra. «Las lluvias están más concentradas, y los puntos de agua no perduran, se secan antes de que los anfibios puedan completar su ciclo reproductivo», explica.

Ante este problema, en 2017 la asociación puso en marcha el proyecto Fuentes de Vida gracias al apoyo de la Fundación Banco Santander. Su misión es salvar un eslabón fundamental del ecosistema. Porque los anfibios, como las ranas, las salamandras o los tritones, ensamblan la cadena trófica depredando pequeños invertebrados o microalgas y luego siendo presa de aves y pequeños vertebrados.

Ahora, en el entorno de la Sierra de Grazalema, Reserva de la Biosfera y uno de los dos únicos lugares del mundo donde se conservan pinsapos -unos abetos originarios del Terciario-, O-live ha abierto un pequeño espacio para asegurar la supervivencia de estas especies. Ha creado 29 charcas y pequeñas lagunas, para que el agua perviva durante el estío. También han aprovechado la «arquitectura rural» existente y han adaptado 31 fuentes y abrevaderos y 8 albercas con pequeñas rampas, para que los anfibios que se acerquen no queden allí atrapados.

El 87% de las fuentes y albercas han sido ya utilizadas, mientras que en el caso de las charcas llega al 100%, donde se ha constatado la presencia de anfibios como los ágiles sapillos pintojos, que pese a su aspecto rollizo huyen a toda velocidad de sus depredadores saltando en zigzag. A ellos les gustan las charcas pequeñas y poco profundas, como las que ahora han creado en Grazalema.

Aunque la clave de su éxito, dicen los jóvenes del proyecto, está en ubicarlas en puntos donde la topografía retrase la evaporación, en favorecer que haya vegetación en los márgenes y en instalar algunas piedras donde los anfibios se puedan esconder: no son los únicos en visitar el agua. Allí también han detectado más de 30 especies de aves, corzos, comadrejas o jabalís, estos últimos causando muchas veces estragos en la construcción que después deben ser reparados.

«Los anfibios no son conocidos porque no le son simpáticos a la gente. Pero son claves, sin ellos se va todo al carajo», asegura Víctor Jiménez, licenciado en Ciencias Biológicas y otro de los integrantes de la asociación.

Un tercio de las especies de anfibios de la cuenca mediterránea están amenazadas. Y, en la Sierra de Grazalema, existen varias especies endémicas incluidas en el Libro Rojo de los Vertebrados de Andalucía, como la salamandra penibética (en estado vulnerable) o el tritón pigmeo (casi amenazado). Se trata de un grupo muy sensible a la contaminación, a la pérdida y fragmentación de hábitats o a las especies invasoras.

«Nuestro proyecto es un parche», reconoce Jiménez, que se remite al cambio climático y a la contaminación como la raíz del problema. «Sin detener esto, no se puede hacer más», refrenda de las Heras. Solo intentar cuidar y dar a conocer a este grupo animal tan desconocido y tan amenazado.