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Donato: "Nunca me he bajado los pantalones y tampoco lo voy a hacer ahora". Cuando uno lee, escucha o pronuncia el nombre de Donato Gama da Silva (Rio de Janeiro, 1962) se le viene a la mente la figura de un hombre que se anticipa a una defensa para conectar un cabezazo que vale una Liga. La imagen de un hombre de éxito en el fútbol. La de un central infranqueable. La de un mediocampista con exquisito golpeo del balón. La de un lanzador de penaltis efectivo. La de un estilista.

Pero detrás de esa imagen futbolística que a uno le viene a la cabeza hay otro Donato. Ese que se rebela contra las injusticias. El que en incontables ocasiones ha transmitido la palabra de Dios con enorme fe. El que ha tenido que espantar personas a su alrededor como si de moscas se tratara, porque solo iban detrás de su fama y su dinero. El que tras dejar el fútbol ha tratado de ganarse la vida de mil maneras. El que ha superado numerosas adversidades empresariales y económicas.

Un Donato con la experiencia suficiente para poder hablar sobre el fútbol, lo que viene después y sobre lo que supone sentirse una persona íntegra. Por eso cree que no ha llegado profesionalmente más lejos. Ni como futbolista (a pesar de todos sus éxitos).

Ni como entrenador. Ni como representante. Ni como empresario. Porque si hay una línea que nunca ha querido cruzar es la de la honestidad. «Nunca me he bajado los pantalones y tampoco lo voy a hacer ahora», sentencia.