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Su historia aparece en el Nuevo Testamento en el Libro de Lucas capítulo 19 y cuenta la historia que Jesús entró a Jericó, iba pasando por esa ciudad cuando un varón llamado Zaqueo (que su nombre significa, justo, puro o inocente) procuraba ver a Jesús, Zaqueo era el jefe de los publicanos, un hombre jefe de los recaudadores de impuestos.

Un hombre rico, la biblia dice que era rico por lo que seguramente no tenía necesidades físicas por su condición, un publicano era un hombre mal visto ante la sociedad en esos días, ya que su fama era de corrupción y de ganar el dinero deshonestamente a causa de oprimir a los pobres.

Y allí estaba Zaqueo entre la multitud queriendo ver a Jesús, pero era pequeño de estatura y no podía alcanzar a verle, por lo que se adelantó y se subió a un árbol sicómoro para poder verlo mejor, estos árboles son conocidos como higueras africanas que pueden vivir hasta 4,000 años, son muy altos y Zaqueo no perdió la oportunidad de subir para ver a Jesús.

Pensando en nosotros, muchas veces venimos a Jesús y les buscamos fervientemente, cuando hay muchas necesidades que suplir o cubrir o solucionar en nuestra vida, tristemente las pruebas, las adversidades, una enfermedad, un problema fuerte nos lleva directamente a buscar a Jesús y querer estar con él, esta no es una mala actitud, pero pensemos si cuando todo nos sonríe, cuando no nos hace falta nada, procuramos buscarle de la misma forma y estar con él a toda costa? Qué estamos dispuestos a hacer para ver a Jesús, para estar cerca de él.?

Zaqueo no tenía ninguna necesidad aparente, para buscar a Jesús sin embargo tenía un deseo muy grande de verlo, al punto de trepar a un árbol alto, corriendo el peligro de caerse o de hacer el ridículo delante de otros que le verían claramente y sabían quién era, él no era solo un publicano, era el jefe de los publicanos, era un hombre rico, y allí estaba en lo alto de un árbol para ver a Jesús.

Esta actitud en el corazón de Zaqueo nos enseña a procurar con todas nuestras fuerzas el estar cerca de Jesús, a no dejar que los buenos tiempos, las bendiciones, la falta de problemas o el nombre que tenemos delante de otros nos llenen de comodidad al punto de no mover un dedo para buscar al Señor y sacrificarnos por él.

La única limitación que dice la palabra que Zaqueo tenía es que era pequeño de estatura, quizás eso permitió que su corazón no se llenara de tanta soberbia y altivez, ya que quizás las burlas o las risas de otros al verlo pequeño mantenían esa debilidad en su corazón, pero que a través de ella Dios la usó para que Zaqueo buscara a Jesús de una forma diferente.

Muchas veces las debilidades que Dios permite en nuestra vida y que nos acompañan a lo largo del camino, son puestas por Dios para ayudarnos a ser quien Dios quiere que seamos, para que la altivez y la arrogancia no se apoderen de nuestro corazón y lo endurezcan. Dice la historia que Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba le vio y le dijo: ZAQUEO, DATE PRISA, DESCIENDE, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. Jesús vio más que aquel hombre en un árbol, Jesús vio un hombre sin orgullo, sin soberbia, sin altivez, reconociendo una necesidad en su corazón, un hombre dispuesto a subirse a un árbol para llamar su atención.

Qué hacemos nosotros para llamar la atención de Jesús? Qué hacemos para que DIos ponga su mirada en nosotros, para que se detenga y vea lo que hemos hecho con tal de estar con Él? Es verdad que Dios siempre tiene su mirada puesta en nosotros, también conocía a Zaqueo, sabía su nombre, pero la actitud de Zaqueo conmovió el corazón de Jesús. nQué hacemos nosotros para conmover el corazón de Él y qué cosas hacemos para agradar y llamar su atención?

Dios no necesita de nosotros grandes ofrendas, grandes sacrificios, grandes cosas, el quiere ver en nosotros una actitud de corazón sincero, sencillo, que reconoce sus limitaciones y que con pasión se esfuerza por estar cerca de Él dejando toda apariencia y toda altivez.