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Gedeón había recibido la paz de Dios como confirmación que El Señor estaba con él, había obedecido al mandato de destruir los altares a Baal y la imagen de Asera, se había enfrentado, como un valiente a su pueblo, poniendo a Dios en el primer lugar, en el lugar que le correspondía y que habían compartido con otros dioses.

Ahora Gedeón estaba dispuesto a hacer la voluntad de Dios, había recibido en su corazón varias confirmaciones que la mano de Jehová estaba con él, estaba decidido a ir a la batalla para liberar a su pueblo de la opresión de los madianitas. El pueblo había vivido 7 años de opresión y ahora este pueblo venía con su ejército sobre sus ciudades, por este motivo Gedeón había llamado a su pueblo para formar un gran ejército que le acompañara y pudieran hacerle frente a sus enemigos.

El pequeño detalle es que Dios no piensa como los hombres, Gedeón escogió más de treinta mil hombres, que serían suficientes para ganar la batalla, pero Dios le dice en la escritura en el libro de Jueces 7:2 “El pueblo que está contigo es mucho para que yo entregue a los madianitas en su mano, no sea que se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado.”

El pueblo pueblo que acompañaba a Gedeón era mucho, actitud en en el corazón de Gedeón en ese momento era buscar su máxima seguridad en la cantidad de hombres para intimidar a sus enemigos, pero si iba tanta gente podría pensar que la victoria no la había dado Dios, sino su propia mano, podía envanecerse su corazón y sentir seguridad y apoyo por la gran cantidad de guerreros saldrían a pelear. Así que Dios mismo le dice pregúntales Quién tiene temor? Quién tiene miedo de ir a esta batalla? Y que se regresen.

Esta impresionante historia hoy habla a nuestras vidas porque las actitudes del corazón de Gedeón eran lógicas, habian sido oprimido por un pueblo injusto y cruel y lo más sensato era juntar un gran ejército para pelear contra ellos, lo más normal humanamente hablando era tener una buena estrategia de guerra para destruirlos, muchas veces nuestros pensamientos y nuestra lógica humana va completamente distante a lo que Dios piensa hacer y cómo lo piensa hacer.

La respuesta fue inmediata y sorpresivamente abundante, veintidós mil hombres se devolvieron y solo quedaron diez mil. Cuántos salieron huyendo por tener un corazón lleno de temor y miedo. Pero aún había mucho pueblo y debían probar a los que restaban con una cosa sencilla en el capítulo 7:5 y 6 dice:

“Entonces llevó el pueblo a las aguas; y Jehová dijo a Gedeón: Cualquiera que lamiere las aguas con su lengua como lame el perro, a aquél pondrás aparte; asimismo a cualquiera que se doblare sobre sus rodillas para beber. Y fue el número de los que lamieron llevando el agua con la mano a su boca, trescientos hombres; y todo el resto del pueblo se dobló sobre sus rodillas para beber las aguas.” Solamente fueron escogidos los que bebieron llevando el agua con la mano a su boca, sólo quedaron 300 hombres.

Esto nos da una gran lección porque cuando Dios ha determinado hacer algo para librar a su pueblo de la opresión de sus enemigos, no necesita de grandes cantidades de hombres para hacerlo, necesita corazones libres de temor y dispuestos a esforzarse.

Hoy en día no libramos batallas campales donde necesitamos un ejército para afrontarlas, pero podemos preguntarnos ¿Dónde está puesta nuestra seguridad? Gedeón quizás estaba descansando en la seguridad de un gran ejército. Pero Dios le quitó esa seguridad reduciéndolo a sólo 300 hombres. ¿En quien descansa nuestra vida? ¿Quizás en la cantidad de amigos y personas cercanas para no sentir soledad? ¿Quizás en la cantidad de bienes materiales que poseemos? ¿O estamos seguros de nuestros propios dones y talentos? Descansamos y nos apoyamos en muchas cosas que nos dan seguridad, pero Dios dice: Son muchos, porque quiere que nuestra seguridad y nuestra vida descansen en Él completamente, porque El es poderoso y suficiente para pelear por nosotros.

El proceso que hoy a nivel mundial estamos viviendo ha venido a tambalear la seguridad de todos, algo que se ha levantado como un gigante pero que nuestros ojos no pueden ver, una pandemia sin precedentes que ha parado el comercio, los transportes, la industria, la economía y nuestras propias vidas, un ejército como el de los madianitas que se ha cobrado vidas y sobre todo que ha traído mucho temor a los corazones.

Donde estaba puesta nuestra seguridad cuando todo esto vino de golpe? ¿Qué nos daba seguridad y de pronto lo hemos perdido? Viajamos, salíamos de casa, hacíamos vida social, ibamos y veníamos de un lado a otro, mirábamos nuestras necesidades como las únicas y las más grandes, hasta que esta situación nos hizo despertar y ver que lo que considerábamos una seguridad ya no la era, ver que en lo que se apoyaba nuestro corazón de un momento a otro era inseguro.

Dónde está puesta nuestra seguridad ahora? En una vacuna que en unos meses saldrá? Nuestra seguridad quizás está puesta en nuestras propias medidas de prevención? en no salir de nuestras casas por temor? quizás nuestra seguridad está puesta en nuestros bienes materiales que ahora no podemos disfrutar?

Dios no mira las cosas como nosotros las vemos, lo que para nosotros es mucho, para Él no es nada y lo que para nosotros es poco para Él es suficiente. La actitud que Dios enseñó al corazón de Gedeón con esta disminución de su ejército fue aprender a pensar que solo Dios basta, descansemos hoy en Dios y dejemos la seguridad de nuestras vidas en Él, no caminemos con Dios y al mismo tiempo apoyándonos en personas, lugares, cosas o en nosotros mismos, no pongamos nuestra seguridad en nadie más, en lo mucho o en lo poco, con esa actitud en el corazón debemos enfrentar la vida que hoy nos está tocando vivir, porque nuestra seguridad viene de Dios nuestras vidas dependen de Él, porque SOLAMENTE DIOS ES SUFICIENTE!