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Durante varios meses hemos estado hablando de las actitudes del corazón, esos caminos que mucha veces para nosotros son de vida pero que su fin puede ser de muerte porque según la forma en que decidimos actuar, así es el camino que tomamos, algunos son de vida y para mejorar las cosas y otros son para que las cosas vayan a peor y al final son caminos de muerte. En la palabra de Dios encontramos muchísimas actitudes buenas y malas de hombres y mujeres tan comunes como cualquiera de nosotros pero según su actitud así cambió el rumbo de las cosas y de todas ellas podemos aprender. Jesús cuando estuvo en la tierra fue cien por ciento Dios pero también fue cien por ciento hombre y fue tentado y tuvo que tomar decisiones, actuar, tener actitudes que nos dejaron siempre un claro ejemplo de cómo tiene que ser nuestra vida para que podamos agradar al Padre. En Jesús están resumidas todas las actitudes que nosotros deberíamos adoptar como nuestras para llevar una vida justa, íntegra, llena de fe, de servicio y de amor por nuestro prójimo. Hoy quiero hablar de una actitud de Jesús, que nos ayudará a enfrentar los peores momentos de nuestra vida, cuando más angustia hay en el corazón y es vivir con la actitud de estar de rodillas ante el Padre. En Lucas 22:41-42 dice " Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya." Jesús aunque era Dios, necesitaba estar de rodillas ante el Padre y rogar al Él por su intervención. Jesús tenía en su corazón la actitud de estar de rodillas ante el Padre. Qué simboliza doblar rodillas? Doblar rodillas ante alguien expresa de manera simbólica que una persona no se considera igual a la otra, significa sumisión, entrega, acatamiento, respeto, impotencia y súplica profunda. En la biblia aparecen varias escrituras acerca de doblar las rodillas por diversos motivos, pero el mayor ejemplo de sumisión, súplica y entrega es la actitud de Jesús cuando se aparta un poco de sus discípulos y se pone de rodillas para hablar ante el Padre, la situación que ese momento estaba viviendo era muy difícil, Jesús se estaba enfrentando al momento más complicado, duro y de mayor sufrimiento aquí en la tierra, necesitaba postrarse de rodillas ante Su Padre del cielo para clamar a Él y recibir fuerza para lo que habría de vivir, la posición en que Jesús enfrentó esta adversidad fue de rodillas. Pensando en nosotros me pregunto ¿Hace cuánto que no nos ponemos de rodillas ante El Señor? Quizás unos minutos, horas, meses o años? Cuando nos ponemos de rodillas ante Dios estamos imitando la entrega de nuestro Señor Jesucristo, estamos reconociendo que no estamos en igualdad de posiciones por El es Dios y nosotros somos polvo, cuando nos ponemos de rodillas estamos reconociendo que dependemos de Él, dependemos de Su gracia, de Su fuerza y de Su poder. Al ponernos de rodillas perdemos la visión de lo alto, de estar arriba, porque todo lo vemos desde abajo y en total sumisión. Cuando hablamos al Señor de rodillas la humildad es nuestro mejor regalo para Él, bajar la cabeza, inclinar nuestra alma, emociones, sentimientos, pensamientos, mente y corazón ante Dios, estar de rodillas ante nuestro Dios amoroso nos fortalece, nos consuela, nos renueva y permite que al levantarnos de ese lugar estemos llenos de Su presencia, llenos de gozo y fortalecidos con Su poder. Para el mundo el difícil ponerse de rodillas y tomar una actitud de humildad como la que Jesús nos enseñó, pero nosotros no somos de este mundo y ponernos de rodillas trae bendición y victoria a nuestras vidas. DIOS NO DESPRECIA UN CORAZÓN HUMILLADO: Salmo 51:17 dice “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” El Señor no desprecia un corazón que se humilla ante Él, al contrario Dios está atento al ver que doblegamos nuestro espíritu y no contendemos contra su voluntad, cuando nos ponemos de rodillas nuestro corazón se humilla y Dios está atento. DIOS ESCUCHA UN CORAZÓN HUMILLADO: 2 Crónicas 7:14 dice “si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.” Cuando nos humillamos ante El Señor y dejamos nuestros malos caminos, Dios escucha nuestro clamor, perdona y trae sanidad a nuestra tierra, cuando nos humillamos ante El Señor, su oído se inclina a nosotros y escucha nuestro clamor. DIOS DA GRACIA AL QUE SE HUMILLA. Santiago 4:6 dice “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.” Cuando nos humillamos ante El Señor él nos llena de Su gracia, la gracia es ese favor inmerecido, es su bondad reposando sobre nuestra vida, cuando nos humillamos la gracia de Dios se manifiesta en nosotros y Su gracia es más que suficiente, porque nos da salvación, victoria y vida eterna. Así que tomemos ese ejemplo de la actitud del corazón de Jesús para enfrentar la adversidad, pongámonos de rodillas ante el Padre, si tenemos una súplica, si necesitamos Su intervención, si estamos pasando por tiempos de adversidad, doblemos nuestras rodillas, cuando nos humillamos, Dios nos escucha, no nos desprecia y nos llena de Su gracia, su bondad reposa sobre nosotros. Es tiempo de humillar nuestro corazón y doblar nuestras rodillas como Jesús no enseñó, aún siendo Dios lo hizo con toda humildad diciendo: Padre, si puedes pasa esto de mi, pero no se haga mi voluntad sino la tuya!