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El personaje de Furia es conocido por haber sido el creador e inventor de una muñeca popularizada por televisión. Cerebrito se ha convertido ya en Inglaterra en una especie de icono, aunque no es más que otro producto de consumo. Pero tiene tal éxito que Malik abandona su trabajo en Cambridge, para dedicarse por completo a la explotación de la muñeca. Sin embargo, llega un momento en que nada le satisface. Los programas de televisión se vulgarizan hasta el infinito. Pero cuánto más baja su nivel, mayor es el índice de audiencia. Y el poder económico norteamericano, lo que hace es potenciar su estupidez hasta llegar al absurdo. Pero Solanka descubre en Estados Unidos que las apariencias lo son todo. Lo importante es cómo nos ven los demás.

En este mundo de apariencias, toda vida personal, vivencias y valores íntimos, se desvanecen. No quedan más que las modas, las noticias que nos bombardean sin cesar, y ridículas luchas políticas, propias de esta época de ′reyes marioneta′. Solanka se encuentra así que las ′mujeres de carne y hueso querían ser como muñecas′. Porque ′ahora la muñeca era el original y la mujer la representación′.

Malik inicia sin embargo una nueva relación con una mujer llamada Neela, pero ya entremezclada de truculentas muertes y asesinatos. Reconoce que ′la rabia nacía de la desesperación′, pero ve a Neela como ′la esperanza colmada′. La realidad sin embargo es que esa esperanza, como tantas otras, le llevará a una nueva decepción.

La vida está llena de falsas esperanzas. Porque ponemos nuestra confianza en cosas y personas que no pueden llenarnos. Eso es lo la Biblia llama ídolos. Vanas ilusiones, que no son más que meras apariencias de felicidad, frente a la verdadera realidad de Aquel que es la Verdad y la Vida misma (Juan 14:6). Por un tiempo algo o alguien nos entusiasma, pero luego su interés se marchita rápidamente.

Esos estallidos ciertamente muestran la vida como una continua demostración de furia sin sentido. Ya que nuestra propia conducta nos resulta inexplicable. Puesto que la contradicción misma parece anidar en nuestro interior. No sabemos por qué hacemos las cosas que hacemos. Pero Jesús nos dice: ′La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da′. Así que ′no se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo′ (14:27).