La Apologética consiste en defender nuestra fe ante aquellos que nos demandan razón de ella. Algunas personas dicen: “todas las religiones enseñen las mismas verdades fundamentales en su parte central, usando diferente lenguaje, diversas imágenes y varias tradiciones para comunicar en esencia las creencias idénticas. En esencia enseñan la paternidad universal de Dios y la hermandad universal de la humanidad. Eso significaría que todos los sistemas de fe del mundo son igualmente válidos.”

La realidad es que, solo alguien que no comprende las religiones del mundo, diría que enseñan básicamente lo mismo. ¿Qué quieren decir con la paternidad universal de Dios cuando el budismo ni siquiera afirma que hay un Dios? ¿Qué queremos decir con la paternidad universal de Dios cuando Shankara, uno de los más respetados filósofos hindúes, dijo que el ateísmo es solo el camino por el que al final llega a la cumbre, donde se descubre que Dios no es diferente a uno? Entonces, ¿qué quiere decir la paternidad de Dios? Es una ilusión.

En segundo lugar, la hermandad de la humanidad, sí, somos hermanos y hermanas como seres humanos semejantes, pero la única razón es porque nos formó Dios. Una vez que se quita esa base la hermandad termina con más matones que hermanos.

En resumen, el islamismo, el budismo, el hinduismo y el cristianismo no dicen lo mismo. Son doctrinas distintas y mutuamente exclusivas. Todas no pueden ser verdaderas al mismo tiempo.

El teólogo liberal John Hick dijo que las religiones del mundo son respuestas diferentes acondicionadas culturalmente al supremo “Verdadero” o Dios. Claro, que hay aspectos de la verdad en casi todas las principales religiones. Sin embargo, no es como si fuéramos ciegos explorando al elefante, al que una persona le toca la pata y cree que es un árbol; otra le toca la trompa y piensa que es un cable; y la tercera le toca las orejas y piensa que es un abanico.

La idea es esta, la parábola ya reveló que, en verdad, ¡esto es un elefante! El ciego puede decir que es un árbol, pero está equivocado. No es un árbol ni un cable ni un abanico.

El que no es ciego sabe que es un elefante. Conoce la verdad; su vista se lo reveló. Y Jesucristo lo aclaró bien que se sabrán las verdades eternas de Dios. Jesucristo es el centro del evangelio, en él se unieron todas las verdades. La suma total de la verdad está en Cristo.

La explicación de Hick pasa por alto la posibilidad de que el mismo Dios se revelaría y que, por consiguiente, seamos capaces de saber quién es él. En lugar de eso, Hick generó cultura e intuición consumada. Sin embargo, la Biblia dice que Dios sí se dio a conocer:

“En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios … Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”.