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Toda forma de vida es muy valiosa para Dios, y esto incluye la vida de un niño que está en la matriz de su madre. Así que, cuando alguien mata a propósito a un niño que no ha nacido, está cometiendo un asesinato.

Como cristianos debemos basar nuestra fe y nuestras vidas en la Palabra de Dios. A pesar de que sabemos que nadie puede explicar científicamente cuando comienza la vida, nosotros por la Biblia sabemos que Dios es el creador de todas las cosas, y Él es la fuente de vida. Cuando Dios creó al primer hombre Adán, no estaba vivo hasta que Dios “sopló en su nariz aliento de vida”, luego se convirtió en un “ser viviente” (Génesis 2:7) De la misma manera, no es cierta combinación de materia química la que hace que un niño no nacido viva, sino el aliento que Dios sopla en él. Y nadie sabe cuando Él hace esto.

La vida es santa, pura e inmutable, por eso tenemos que respetarla tal como respetamos a Dios, el dador de la vida misma. Es claro a través de toda la Biblia que Dios sabe todas las cosas, tanto las de ahora como las venideras, y lo ha sabido por la eternidad. De tal forma, Él conoce a cada persona, cada vida –aún mucho antes de la concepción.

Dios no solamente conoce a cada individuo antes de que nazca, sino que también tiene un propósito para todos y cada uno de ellos. Esto se expresa claramente en el libro de los Salmos:

“Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.” Salmos 139:13-16.