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Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible. Mateo 17:20

No es necesario diseccionar ni analizar una semilla para que esta crezca. Del mismo modo, no es necesario que hagamos un examen concienzudo de nosotros mismos para crecer espiritualmente. Lo que importa es que progresemos, que pongamos en práctica nuestra fe en el vivir cotidiano. Podemos tener ideas muy elevadas, pero son los ideales los que nos hacen actuar para hacerlos realidad. Así es como crece la semilla que todos tenemos en nuestro interior.

Con esto no quiero decir que no debamos conocernos a nosotros mismos. Por supuesto, esto es fundamental, pues de este modo sabemos cuáles son nuestros puntos fuertes, aquellos que nos son útiles para crecer espiritualmente y servir a los demás, y nuestros puntos débiles, aquellos en los que debemos mejorar. Pero no deberíamos hacer una obsesión de la introspección, pues tendemos justamente a obsesionarnos con nuestros defectos y no ver más que lo negativo de nosotros mismos. Todos tenemos cosas buenas que ofrecer a los demás.