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Los dos muchachos que ves son muy diferentes, ¿verdad? ¿Sabes cómo se llaman? El cazador es Esaú, y el muchacho que cuida las ovejas es Jacob.

Esaú y Jacob eran hijos gemelos de Isaac y Rebeca. Al padre, Isaac, le gustaba mucho Esaú, porque era buen cazador y traía a la casa alimento para que la familia comiera. Pero Rebeca amaba más a Jacob, porque era tranquilo y apacible. Esaú, de niño, apunta antes de disparar con su arco y flecha.

El abuelo Abrahán todavía estaba vivo, y podemos imaginarnos cuánto le gustaba a Jacob oírle hablar acerca de Jehová. Abrahán al fin murió a los 175 años, cuando los gemelos tenían 15 años.

Cuando Esaú tenía 40 años de edad se casó con dos mujeres de la tierra de Canaán. Esto puso muy tristes a Isaac y Rebeca, porque estas mujeres no adoraban a Jehová.

Entonces, un día pasó algo que hizo que Esaú se enojara mucho con su hermano Jacob. Vino el tiempo en que Isaac iba a dar una bendición a su hijo mayor. Porque Esaú era mayor que Jacob, Esaú esperaba recibir esta bendición. Pero ya Esaú había vendido el derecho de recibir la bendición a Jacob. También, cuando los dos muchachos nacieron, Dios había dicho que Jacob recibiría la bendición. Y esto es lo que pasó. Isaac dio la bendición a su hijo Jacob.

Después, cuando Esaú supo esto, se enojó con Jacob. Estaba tan enojado que dijo que iba a matar a Jacob. Cuando Rebeca supo esto, se preocupó mucho. Por eso, le dijo a Isaac su esposo: ‘Va a ser terrible soportarlo si Jacob también se casa con una de estas mujeres de Canaán.’

Por eso Isaac llamó a su hijo Jacob y le dijo: ‘No te cases con una mujer de Canaán. En vez de eso, ve a la casa de tu abuelo Betuel en Harán. Cásate con una de las hijas de su hijo Labán.’

Jacob obedeció a su padre, y enseguida empezó su largo viaje a donde vivían sus parientes en Harán.