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Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores. Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre». (Mateo 24:5-9)

La maldad y el ateísmo también han alcanzado niveles muy altos, el lobby gay se ha ramificado por todo el mundo cumpliendo lo escrito en Isaías 5:20: «¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!». Es decir, una serie de señales que nos empujan a reflexionar sobre si efectivamente estamos en la antesala del fin.

El principio de dolores parece haberse instalado en la tierra, un lugar cada vez más convulsionado donde todo puede pasar. Incluso el eclipse solar total del pasado 21 de agosto podría sumarse a las consideraciones sobre la factibilidad de que estamos viviendo el comienzo del final de los tiempos.