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Programa dirigido por Carlos y Dorys Matos en Radio Solidaria.

El chisme es una práctica común y atrayente para muchos. Pero, ¿es malo chismear? ¿Qué dice la Biblia acerca del chisme y el dominio de la lengua?

El chisme no sólo se ha convertido en algo rutinario, ¡también hay personas que incluso lo consideran provechoso! En Psychology Today, Robin Western explica que, tras haber investigado el tema, algunos sociólogos concluyen que: “En la mayoría de los casos... es beneficioso.

El chisme cumple importantes funciones sociales y sicológicas: es una fuerza unificadora que manifiesta el código moral de un grupo. Es el aglutinante social que nos mantiene juntos” (“The Real Slant on Gossip” [“La verdad acerca del chisme”], 1 de julio de 1996).

Pero, ¿es esto cierto? ¿Es el chisme una fuerza unificadora y beneficiosa en la mayoría de los casos? ¿Justifica esta “verdad” sobre el chisme a quienes suelen hacer comentarios destructivos de los demás?

Algunas personas están tan interesadas en saber y contar cosas sobre otros que literalmente se ganan el título de chismosas. Basta con verlas acercarse o escuchar su voz para saber que un chisme viene en camino.

Un adicto al chisme también tiende a usar cierto tono de voz y palabras para insinuar que la persona implicada es inferior e imperfecta o que simplemente no merece respeto. Consciente o inconscientemente, se muestra a sí mismo como el modelo insuperable de conocimiento y juicio, y siempre tiende a buscar y hablar de los defectos y fallas de los demás.

Si bien esta pregunta puede parecer innecesaria, la existencia de artículos como el citado arriba comprueba que no lo es. Según el Diccionario de la Real Academia Española, un chisme es una “noticia verdadera o falsa, o comentario con que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna” y un chismoso, “alguien que chismea o es dado a chismear”.

Con una opinión totalmente opuesta a la de los científicos modernos, el filósofo francés del siglo VII, Blaise Pascal, decía que “si todos supiéramos lo que otros han dicho de nosotros, nadie tendría ni siquiera cuatro amigos en el mundo”.

La orden que Dios le dio al pueblo de Israel en Levítico 19:16 deja muy en claro que el chisme no es un acto social inofensivo para Él: “No andarás chismeando entre tu pueblo”. De hecho, la palabra hebrea traducida como “chismeando”, râkìyl, “se refiere al acto de difundir rumores o mentiras sobre alguien y su connotación es siempre negativa” (Spiros Zodhiates, Complete Word Study Dictionaries [Léxicos filológicos completos], 2003). Además, el Enhanced Strong’s Dictionary [Diccionario de Strong mejorado] define a un chismoso como “alguien que se dedica a armar escándalo (llevándolo de un lugar a otro): —calumnia, cuentos, chismes” (2011).

A un chismoso le encanta revelar detalles vergonzosos de los demás en secreto, aun si son sus amigos. Su deseo es tal que siente una “llama de fuego” en la boca y ¡simplemente tiene que correr la voz! Pero ¿qué dice Dios al respecto? Para Él, un chismoso es un “hombre perverso [que] cava en busca del mal, y en sus labios hay como llama de fuego” (Proverbios 16:27).

No es necesario hacer una gran encuesta para saber que el chisme es dañino. Todos aquellos cuya reputación o relaciones han sido perjudicadas por un chisme sin duda darán cuenta de ello, y es claro que Dios también lo considera perjudicial. Tal como leemos en Proverbios 18:8, las palabras del chismoso “penetran hasta las entrañas”.

Santiago (medio hermano de Jesucristo) además describe la verdadera causa del chisme: “ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal” (Santiago 3:8). Todo ser humano tiende a chismear por naturaleza y tal parece que, lamentablemente, todos escucharemos un chisme y nos sentiremos tentados a divulgarlo en alguna ocasión. Nadie puede domar su lengua sin la ayuda de Dios.

¿Qué tan dañino es el chisme? Más de lo que pensamos. Santiago 1:26 de hecho revela que “Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana” (énfasis añadido). Fuertes palabras, ¿no? Pero sí, si somos chismosos, nuestra religión es vana a los ojos de Dios.