Respeto desaparecido

Escrito por el 4 de diciembre de 2023

Luisa tuvo que pedirse la baja tras meses de acoso por parte de uno de sus alumnos y la familia de este. «Era un machaque constante», cuenta la profesora de Primaria bajo un nombre ficticio porque todavía tiene miedo de posibles represalias. También Raúl prefiere mantener el anonimato, aunque ya hayan pasado unos años desde que el abuelo de su estudiante le esperase todos los días en la puerta del colegio. «Te sientes indefenso en clase», denuncia a 20minutos.

La misma indefensión que dicen sentir más de siete de cada diez docentes españoles, que reconocen haber sufrido agresiones por parte del alumnado, o la del 40% que confiesa haber sido víctima de la violencia de las familias, según un informe reciente del sindicato CSIF. 

La publicación de esta investigación removió a Raúl esos malos momentos que sufrió en 2016 y que, asegura, también padecen muchos de sus compañeros. «Hay muchísimos casos encubiertos que no se denuncian», sostiene. Con él todo empezó cubriendo una guardia en la que ordenó a los estudiantes desperdigados por el pasillo que entraran en clase. «Al poco me llamaron de dirección porque por lo visto uno de los chicos había dicho que le había roto el móvil. Cuando yo en absoluto le empujé. Tuve un juicio y al principio me obligaban a pagar 350 euros. El juez se portó bastante bien, pero el equipo directivo no me apoyó en su momento. La propia profesional de los Servicios Sociales me reconoció a los meses que sabía que yo no había sido», cuenta. 

El problema es que el asunto no quedó ahí. «A las horas de salida eran continuas las esperas que me hacía el abuelo, sacando fotos del coche, publicándolas y hostigándome. Me vi incluso obligado a meter el coche en el centro todos los días. Lo pasé realmente mal y lo que más me dolió es el tema del centro y de mis compañeros, que ni siquiera se prestaron a testificar», explica.

El calvario seguía de puertas para dentro. Raúl cuenta que el chico estaba desafiante con él constantemente, una actitud que, opina, se reforzaba por ver la falta de apoyo hacia el docente. «Al final me invitaron a abandonar el centro y cambiarme de destino», relata. 

«Salía de casa con miedo»

Luisa también tuvo que abandonar el colegio en el que impartía clases a alumnos de Primaria, pero en su caso debido a una baja laboral. «Estaba hundida. No paraba de llorar. Esto, quieras o no, te va marcando, te va mermando tus ganas y el esfuerzo que le pones todos los días», confiesa.

Pasaron casi nueve meses hasta que no pudo más. Todo empezó porque uno de los niños del colegio repitió de curso y aterrizó en su clase. El problema, cuenta Luisa, es que su familia nunca estuvo conforme con esa decisión… y lo pagó con ella. «Ahí comenzó mi pesadilla. Fui grabada en clase sin saberlo, recibía escritos todos los días acusándome de violencia escolar, maltrato infantil, abuso de la autoridad… Fue un acoso desmesurado con acusaciones gravísimas hacia mí. Incluso a la hora del recreo estaba la madre a diario asomada a la valla», relata la maestra. 

«Salía de mi casa y tenía miedo. Muchas veces era salir y volver porque creía oír su voz»

Todo este acoso acabó por pasarle factura a la docente, que sin darse cuenta iba manifestando dolencias físicas causadas por la situación. «Yo pensaba que no me estaba afectando tanto, pero sí, acabé tocada. Tuve tos nerviosa durante mucho tiempo, me desvelaba por las noches y no conseguía conciliar el sueño.

Hasta que no pude más y pedí la baja», explica. Lo peor de todo, cuenta, es que ella vive en el mismo barrio que esa familia, y sus hijos van al mismo colegio. «¿Tú sabes lo que es ir a por tus hijos y que te sigan? Incluso si iba mi marido, le seguían a él por si se encontraba conmigo. De hecho, dejé de ir al cole a por los niños, porque no podía. Yo salía de mi casa y tenía miedo. Muchas veces era salir y volver a entrar porque creía oír su voz», confiesa.

En cuanto al niño, cuenta Luisa que no hacía nada desde las 9 de la mañana hasta las 14 horas que terminaban las clases. «Todos los días traía tareas de un curso por encima del que estaba, los exámenes también. Y durante el tiempo en el que estaba en el aula lo único que hacía era molestar a los compañeros, emitir sonidos o increparme».

«Hemos perdido el respeto»

La situación se ha agravado considerablemente en los últimos años, tal y como alertó CSIF este lunes. El sindicato publicó también los datos de su Programa Ayuda Profes, un servicio que atiende a los profesionales de la enseñanza, en los que se desprende que un total de 1.221 docentes de la escuela pública han recurrido a CSIF este año, lo que supone un incremento de casi el 23% respecto a 2022. La mayoría de las consultas (el 74,7%) provienen de los profesores de la ESO; frente al 25,2% de los de Primaria. Más de siete de cada diez expresan sentir el síndrome de desgaste profesional —comúnmente conocido como burnout—; el 21,6% ha pedido ayuda por casos de acoso laboral; y 11,7% por incidentes violentos. «En los centros se está cocinando algo grave y nadie pone soluciones», alertó entonces el presidente del sector nacional de Educación del sindicato, Mario Gutiérrez.

«Los profesores hemos perdido el respeto, y es algo que está empeorando, porque es un problema que trae consigo la sociedad. Nosotros somos el enemigo. Es un tema que hay que tratar en las familias, porque, ¿cómo le explicas a un alumno que el profesor tiene autoridad si los padres no colaboran?», se pregunta el docente. «Hemos pasado de padres analfabetos que criaban a hijos educados, a padres que tienen estudios, pero que están criando a niños de cristal en burbujas, que se creen todo lo que les dicen sus hijos y anteponen su palabra a la tuya», coincide Luisa. 

No ayuda tampoco la presencia de los móviles en los centros, que, como ya le pasó a Raúl, son en muchas ocasiones los desencadenantes de los conflictos. Ya hay, de hecho, un movimiento de padres que están pidiendo la prohibición de estos dispositivos en los centros educativos.

«Nosotros tenemos orden de no quitarlo. Y es dificilísimo porque un niño con móvil tiene tentaciones de sacarlo en clase a cada minuto», cuenta Raúl.  Según contó Gutiérrez, del CSIF, todavía no existen datos concretos ni científicos que indiquen hasta qué punto los móviles perjudican al rendimiento de los estudiantes. «Evidentemente es una realidad social. Pero lo que sí exigimos es que se tenga una normativa clara y específica que ayude al profesorado. Lo que no puede ser, y está sucediendo, es que no haya normativa y se responsabilice al profesor del mal uso de los móviles en el aula», subrayó en la presentación de los resultados del estudio sobre salud mental en docentes. 

El sindicato pide, en ese sentido, un Pacto de Estado «que estabilice el sistema educativo y lo aleje de las luchas partidistas»; e impulsar «actuaciones urgentes» para reducir la conflictividad en las aulas y que cuenten con la financiación necesaria. (Fuente Noticia: 20 Minutos)


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