Salmos: Capítulo 35 – Defensa total

Escrito por el 14 de junio de 2023

Versículo 1: “Disputa, oh Jehová, con los que contra mí contienden; pelea contra los que me combaten”.

David tuvo muchos adversarios durante su vida, y oró en numerosas ocasiones de este modo. Él sabía que viviendo bajo la voluntad de Dios, aquellos que disputaran contra él mismo, también se estarían oponiendo al Señor.

Versículo 2: “Echa mano al escudo y al pavés, y levántate en mi ayuda”.

David pide a Dios que se arme de escudo y pavés y pelee por él. El salmista necesita la defensa de Dios y así se lo implora.

Versículo 3: “Saca la lanza, cierra contra mis perseguidores; di a mi alma: Yo soy tu salvación”.

Además de las armas defensivas (escudo y pavés), David exhorta al Señor a que saque la lanza para atacar a sus enemigos. En este versículo vemos también que David necesita escuchar como Dios le dice ser su salvación. ¿Puede haber arma más fortalecedora que la Palabra del Señor?

Versículos 4-8: “Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vida;
Sean vueltos atrás y avergonzados los que mi mal intentan. Sean como el tamo delante del viento, y el ángel de Jehová los acose. Sea su camino tenebroso y resbaladizo, y el ángel de Jehová los persiga. Porque sin causa escondieron para mí su red en un hoyo; sin causa cavaron hoyo para mi alma. Véngale el quebrantamiento sin que lo sepa, y la red que él escondió lo prenda; con quebrantamiento caiga en ella”.

David le pidió a Dios que le protegiera y le vindicara, dejando muy claro uno de sus objetivos: que el mundo supiera que él servía y obedecía únicamente a Dios.

El salmista ora con vehemencia para que el culpable caiga en su propia trampa y para que Dios llene de dificultades las vidas de aquellos que obran en su contra.

Versículos 9-10: “Entonces mi alma se alegrará en Jehová; se regocijará en su salvación. Todos mis huesos dirán: Jehová, ¿quién como tú, que libras al afligido del más fuerte que él, y al pobre y menesteroso del que le despoja?”.

Estos dos versículos representan la promesa de adoración del Rey David, que ofrece honrar al Altísimo con todo su ser en agradecimiento por la protección y la liberación.

Versículos 11-14: “Se levantan testigos malvados; de lo que no sé me preguntan; me devuelven mal por bien, para afligir a mi alma. Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio; afligí con ayuno mi alma, y mi oración se volvía a mi seno. Como por mi compañero, como por mi hermano andaba; como el que trae luto por madre, enlutado me humillaba”.

David recuerda en estos versículos el deshonor de aquellos que le traicionaron cuando él solo obraba en su favor. El salmista describe alguna de las buenas acciones que realizó por sus enemigos, mostrando amor y preocupación por ellos.

Versículos 15-16: “Pero ellos se alegraron en mi adversidad, y se juntaron; se juntaron contra mí gentes despreciables, y yo no lo entendía; me despedazaban sin descanso; como lisonjeros, escarnecedores y truhanes, crujieron contra mí sus dientes”.

David tuvo un buen comportamiento con sus enemigos cuando estos sufrieron calamidades, por eso le costaba entender como ellos se alegraban ante los tiempos de crisis de David.

Versículos 17-18: “Señor, ¿hasta cuándo verás esto? Rescata mi alma de sus destrucciones, mi vida de los leones. Te confesaré en grande congregación; te alabaré entre numeroso pueblo”.

En estos versículos David ruega honestamente al Señor para que Él le rescate de las malas intenciones de sus enemigos a la vez que promete gloria pública a Dios.

Versículos 19-22: “No se alegren de mí los que sin causa son mis enemigos, ni los que me aborrecen sin causa guiñen el ojo. Porque no hablan paz; y contra los mansos de la tierra piensan palabras engañosas. Ensancharon contra mí su boca; dijeron: ¡Ea, ea, nuestros ojos lo han visto! Tú lo has visto, oh Jehová; no calles; Señor, no te alejes de mí”.

En la línea de los anteriores, estos versículos prosiguen la oración por la vindicación en contra de sus enemigos porque ellos maquinaron en contra del pueblo de Dios.

Versículos 23-26: “Muévete y despierta para hacerme justicia, Dios mío y Señor mío, para defender mi causa. Júzgame conforme a tu justicia, Jehová Dios mío, y no se alegren de mí. No digan en su corazón: ¡Ea, alma nuestra! No digan: ¡Le hemos devorado! Sean avergonzados y confundidos a una los que de mi mal se alegran; vístanse de vergüenza y de confusión los que se engrandecen contra mí”.

David exhorta al Señor a que abandone su pasividad y empiece a ajusticiar a sus enemigos. Se trata a todas luces de un ruego para la vindicación Divina.

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