Salmo 5 – La llave (25)

Salmo 5 «Defiéndeme»
Versículo 7 «La llave»
Bienvenidos a Miradas. Nuestra mirada continúa hoy su recorrido por el salmo cinco, un salmo en el cual David, su autor, implora de Dios ser defendido de sus enemigos.
Aunque el salmo en su conjunto es una petición de defensa, tiene preciosas lecciones acerca del creyente David y de su conocimiento de Dios.
Leemos el salmo entero para disfrutar un día más de su riqueza: «Escucha, oh Jehová, mis palabras; Considera mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, Porque a ti oraré. Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré. Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; El malo no habitará junto a ti. Los insensatos no estarán delante de tus ojos; Aborreces a todos los que hacen iniquidad. Destruirás a los que hablan mentira; Al hombre sanguinario y engañador abominará Jehová. Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa; Adoraré hacia tu santo templo en tu temor. Guíame, Jehová, en tu justicia, a causa de mis enemigos; Endereza delante de mí tu camino. 9 Porque en la boca de ellos no hay sinceridad; Sus entrañas son maldad, Sepulcro abierto es su garganta, Con su lengua hablan lisonjas. Castígalos, oh Dios; Caigan por sus mismos consejos; Por la multitud de sus transgresiones échalos fuera, Porque se rebelaron contra ti. Pero alégrense todos los que en ti confían; Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes; En ti se regocijen los que aman tu nombre. Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo; Como con un escudo lo rodearás de tu favor». En una mirada anterior, acerca de este mismo salmo, en sus versículos cuatro al seis, David nos describía la santidad de Dios y la imposibilidad de que en su presencia estuviese cualquier clase de mal y mucho menos personas que lo practican. Pero, dado que los seres humanos, aunque seamos creyentes, somos incapaces de alcanzar una conducta perfectamente santa, ¿Cómo acercarse a Dios? ¿Cómo comparecer en su presencia? Nuestra Mirada se detiene hoy en el breve versículo siete en el cual David nos descubre su llave para acercarse a Dios, pues dice: «Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa; Adoraré hacia tu santo templo en tu temor».
Se aclaran aquí dos cosas, una la razón por la cual el creyente David puede entrar con confianza en la presencia santa de Dios, a pesar de no ser perfecto y otra, que esa confianza no resta nada a su reverencia. Veamos estas dos cosas porque son muy importantes. En primer lugar, el creyente David, a pesar de su pecado, puede entrar en la presencia de Dios porque es la gran misericordia de Dios la que le permite el paso a su presencia, pues dice «Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa».
La misericordia de Dios, anticipada entonces, se hizo visible en Cristo y es mediante Él que el creyente tiene acceso a la santa presencia de Dios, porque nadie acumula méritos personales suficientes para ello. Con todo, pese a tener acceso, el creyente David consciente de estar en la presencia santísima de Dios lo hace con suma reverencia, pues dice:
«Adoraré hacia tu santo templo en tu temor».
Gran lección, tenemos acceso a la presencia de Dios, no por nuestros méritos sino por su gran misericordia, Hagámoslo con confianza y con suma reverencia.
(por Daniel Valuja)