Salmo 6 – Interminable (31)

Salmo 6 Misericordia
Versículos 6 y 7: Interminable
Bienvenidos a Miradas. Continuamos recorriendo el salmo seis en el cual David, su autor, recurre a la misericordia de Dios en una situación muy difícil, por su pecado, por sus enemigos y, al parecer, por una grave enfermedad.
Vamos a leer el salmo, deteniéndonos en cada apartado del mismo:
David se presenta pecador, indigno y enfermo, pidiendo a Dios misericordia y sanidad, en los versículos uno y dos, pues dice:
«Jehová, no me reprendas en tu enojo, Ni me castigues con tu ira. Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen. En los versículos tres y cuatro y cinco se queja de la tardanza de Dios en intervenir repitiendo su petición de misericordia, ya que dice: Mi alma también está muy turbada; Y tú, Jehová, ¿hasta cuándo? Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma; Sálvame por tu misericordia. Porque en la muerte no hay memoria de ti; En el Seol, ¿quién te alabará? Los versículos seis y siete, en los cuales nos detendremos hoy, son una descripción dramática de su sufrimiento, mencionando por primera vez a sus enemigos, pues dicen: Me he consumido a fuerza de gemir; Todas las noches inundo de llanto mi lecho, Riego mi cama con mis lágrimas. Mis ojos están gastados de sufrir; Se han envejecido a causa de todos mis angustiadores. Sorprendentemente, en los versículos ocho al diez, canta la victoria sobre sus enemigos, y su recuperación porque Dios le ha escuchado. Apartaos de mí, todos los hacedores de iniquidad; Porque Jehová ha oído la voz de mi lloro. Jehová ha oído mi ruego; Ha recibido Jehová mi oración. Se avergonzarán y se turbarán mucho todos mis enemigos; Se volverán y serán avergonzados de repente».
Vamos a posar nuestra Mirada con un poco de detalle en los versículos seis y siete que describen el intenso dolor del salmista, pues dice: »
Me he consumido a fuerza de gemir; Todas las noches inundo de llanto mi lecho, Riego mi cama con mis lágrimas. Mis ojos están gastados de sufrir; Se han envejecido a causa de todos mis angustiadores».
David no se tomaba nunca su relación con Dios a la ligera, por eso, cuando se daba cuenta de su pecado, lo sentía sinceramente y se volvía a Dios de corazón.
En estos versículos expresa lo que sufría por esas tres razones que antes hemos señalado, su pecado, que no menciona pero sí alude al mencionar el castigo, su enfermedad que parecía mortal y sus enemigos, que seguramente aprovechaban su situación para asediarle con más saña.
Dice el salmista: «Me he consumido a fuerza de gemir» y es que el dolor continuado envejece y deteriora físicamente.
Sigue diciendo: «Todas las noches inundo de llanto mi lecho, Riego mi cama con mis lágrimas» Su «consulta con la almohada» era llorar sin cesar, cuando en la intimidad de su cama podía expresar libremente su dolor.
En su sufrimiento influían de forma notable las acusaciones e insidias de su enemigos, ya se sabe que «del árbol caído todos hacen leña» pues dice «Mis ojos están gastados de sufrir; Se han envejecido a causa de todos mis angustiadores».
¿Estás sufriendo? ¿Por tu alejamiento de Dios? ¿Por una enfermedad?
¿Por los que quieren hacerte mal? Haz como David, recurre a la misericordia de Dios. Él te escuchará.