Salmo 8 – Constraste (41)

Salmo 8 Grande
Versículo 2: Contraste
Bienvenidos a Miradas. Hemos comenzado a explorar el salmo ocho, tan querido por tantos lectores de la Biblia.
El salmo proclama la grandeza de Dios, que se muestra palpablemente, tanto en la creación como en su trato con los seres humanos.
Repasemos, para comenzar, lo que dice este salmo tan conocido, pero que en cada nuevo encuentro con él nos descubre nuevas bellezas de su contenido.
El salmo dice así:
«¡Oh Jehová, Señor nuestro, Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos; De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, A causa de tus enemigos, Para hacer callar al enemigo y al vengativo. Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste, Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, Y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; Todo lo pusiste debajo de sus pies: Ovejas y bueyes, todo ello, Y asimismo las bestias del campo, Las aves de los cielos y los peces del mar; Todo cuanto pasa por los senderos del mar. ¡Oh Jehová, Señor nuestro, Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!». Después de leer este salmo, resulta más fácil detenernos en los detalles de su contenido. Hoy, dedicamos nuestra mirada al versículo dos, que nos sorprende por su marcado contraste con el inicio del salmo, ya que contrasta la grandeza excelsa de Dios y sus obras, con los niños como herramienta del poder de Dios que se exalta con las cosas más pequeñas y aparentemente débiles, porque el poder es el de Dios.
Repasemos el versículo dos que dice:
«De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, A causa de tus enemigos, Para hacer callar al enemigo y al vengativo».
La sencillez de los niños no se escuda en argumentos filosóficos o seudo científicos para negar la gloria de Dios en la creación, como hacen los que se consideran grandes y sabios y los que se rebelan contra Dios; sino que, con toda sencillez, la reconocen y la proclaman.
De la misma forma los que, como niños, se dan cuenta de la maravilla de las obras de Dios, y con la luz de su Palabra descubren la dignidad que Dios ha dado a los hombres, tapan las bocas de los que niegan todo lo sobrenatural y serán testigos de cargo cuando los rebeldes que niegan a sabiendas y con mentiras las evidencias de Dios tengan que comparecer en su santa presencia.
Desde esa sencillez, que honra al Creador y Señor, podemos sumarnos al famoso himno, basado en este salmo y conocido en todo el mundo, que dice:
«Señor, mi Dios, al contemplar los cielos, El firmamento y las estrellas mil; Al oir tu voz en los potentes truenos Y ver brillar el sol en su cenit; Al recorrer los montes y los valles Y ver las bellas flores al pasar; Al escuchar el canto de las aves Y el murmurar del claro manantial: Cuando recuerdo del amor divino Que desde el cielo al Salvador envió; Aquel Jesús que por salvarme vino Y en una cruz sufrió y por mi murió: Cuando el Señor me llame a su presencia Al dulce hogar, al cielo de esplendor; Le adoraré cantando la grandeza De su poder, de su infinito amor Mi corazón entona esta canción»
¡Cuan grande es El! ¡Demos gloria a Dios con todo nuestro corazón!