Salmo 8 – Grande (45)

Salmo 8 Grande
Versículo 9: Grande
Bienvenidos a Miradas. Terminamos hoy nuestro paseo por uno de salmos favoritos del salterio, el salmo ocho, que nos habla de la grandeza de Dios, tanto en su creación como en su trato con la humanidad.
Vamos a repasar un día más su letra para empaparnos de esta preciosa descripción de la grandeza del Creador y Señor de todo cuanto existe.
El salmo dice así:
«¡Oh Jehová, Señor nuestro, Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos; De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, A causa de tus enemigos, Para hacer callar al enemigo y al vengativo. Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste, Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, Y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; Todo lo pusiste debajo de sus pies: Ovejas y bueyes, todo ello, Y asimismo las bestias del campo, Las aves de los cielos y los peces del mar; Todo cuanto pasa por los senderos del mar. ¡Oh Jehová, Señor nuestro, Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!».
En el día de hoy, nuestra mirada se detendrá en el último versículo del salmo, que acabamos de leer, el versículo ocho, que dice así:
«¡Oh Jehová, Señor nuestro, Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!».
Este último versículo recuerda el señorío y grandeza universal de Dios.
Comienza afirmando la deidad y soberanía de Dios con la frase: «¡Oh Jehová, Señor nuestro!». Recordemos que Dios reveló a Moisés su nombre personal cuando le apareció en la zarza ardiendo, este nombre primero le fue comunicado como Yo Soy el que Soy y seguidamente como Jehová o más propiamente Yahweh según los lingüistas, pero en todo caso, viene a significar el Dios que siempre es.
Pues a ese Dios, al Único y verdadero, lo reconoce David como Señor de todos y de él en particular. Naturalmente que el Creador y sostenedor de todo cuanto existe es con todo derecho su dueño absoluto.
La segunda frase de este último versículo proclama la grandeza visible de Dios en todo el mundo, pues dice
«¡Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!». David ya se ha referido antes a la grandeza del universo, tal como se ve desde la tierra, y también manifiesta su asombro ante las bendiciones que Dios ha derramado sobre la humanidad que parece tan insignificante comparada con la grandeza del universo.
Después, afirma que Dios ha delegado el dominio de la tierra, con todo lo que contiene, en los hombres, otorgándoles una importancia y dignidad muy grandes, como representantes suyos sobre el planeta.
Así que, al reflexionar sobre todo esto, se da cuenta que cada rincón del planeta y cada ser que lo habita, ya sean plantas, animales o personas, proclaman la grandeza del Dios Todopoderoso y Eterno y lo resume en esta exclamación:
«¡Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!».
Necesitamos ejercitar nuestra capacidad de reflexión, reducida y a veces casi ausente, a causa de las prisas y los atractivos que nos rodean, especialmente desde las omnipresentes pantallas de todo tipo.
Es necesario tener cada día un tiempo de meditación dedicado a la bendita Palabra de Dios.
Nos permitirá descubrir de nuevo muchas maravillas.