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Salmo 9 – Justo (48)

Imagen del programa Salmo 9 – Justo (48) en Radio Solidaria

Salmo 9 Defensor

Versículos 5-6: Justo

Bienvenidos a Miradas. Seguimos acercándonos al salmo nueve, que es otro de los salmos de David.

El tema general que trata el salmo es Dios como defensor.

El salmo es una oración que incluye alabanzas, dos breves peticiones y una serie de afirmaciones que ensalzan la eficaz defensa de Dios a favor de los suyos.

Como el salmo es bastante largo, pues tiene veinte versículos, leeremos de nuevo la primera mitad para tener una visión general y después comentaremos los versículos cinco y seis con más detalle.

La primera mitad del salmo dice así:

«Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; Contaré todas tus maravillas. Me alegraré y me regocijaré en ti; Cantaré a tu nombre, oh Altísimo. Mis enemigos volvieron atrás; Cayeron y perecieron delante de ti. Porque has mantenido mi derecho y mi causa; Te has sentado en el trono juzgando con justicia. Reprendiste a las naciones, destruiste al malo, Borraste el nombre de ellos eternamente y para siempre. Los enemigos han perecido; han quedado desolados para siempre; Y las ciudades que derribaste, Su memoria pereció con ellas. Pero Jehová permanecerá para siempre; Ha dispuesto su trono para juicio. El juzgará al mundo con justicia, Y a los pueblos con rectitud. Jehová será refugio del pobre, Refugio para el tiempo de angustia. En ti confiarán los que conocen tu nombre, Por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron».

Hoy dedicamos nuestra Mirada a los versículos cinco y seis de este salmo nueve en los cuales David proclama la definitiva derrota de todos los malvados, tanto naciones como personas, de tal forma que sus palabras tienen un tono verdaderamente apocalíptico, pues estos versículos dicen así:

«Reprendiste a las naciones, destruiste al malo, Borraste el nombre de ellos eternamente y para siempre. Los enemigos han perecido; han quedado desolados para siempre; Y las ciudades que derribaste, Su memoria pereció con ellas».

Como la declaración de David tiene tres fases que vienen a decir lo mismo, pero con ciertos matices importantes, aunque las tres recalcan lo definitivo de la derrota.

Vamos a verlas una por una. La primera declaración dice «Reprendiste a las naciones, destruiste al malo, Borraste el nombre de ellos eternamente y para siempre».

Este «reprendiste» es como si Dios dijese: «Ya basta, ya no aguanto más, se acabó mi paciencia». Y si nos hemos fijado termina diciendo «Borraste el nombre de ellos eternamente y para siempre».

Terrible perspectiva. La segunda frase mira a los derrotados por el Santo Defensor, pues dice:

«Los enemigos han perecido; han quedado desolados para siempre».

Se repite el «para siempre» que indica el final definitivo. Y, por último, se refiere a la civilización de los enemigos, representada por sus ciudades, que eran la muestra palpable de su poderío y riqueza, pero que totalmente destruidas son olvidadas.

Lo dice así: «Y las ciudades que derribaste, Su memoria pereció con ellas».

Aunque David está mirando a su presente, es evidente que Dios le permite asomarse a los tiempos del fin, en los cuales las glorias de un mundo que no quiere saber de Dios y que exhibe el orgullo de sus logros, serán total y definitivamente destruidas.