Salmo 9 – Señor (49)

Salmo 9 Defensor
Versículos 7-8: Señor
Bienvenidos a Miradas. Seguimos avanzando por el salmo nueve, que es otro de los salmos de David.
El tema general del salmo es Dios como el gran defensor de su pueblo.
El salmo es una oración que incluye alabanzas, dos breves peticiones y una serie de afirmaciones que ensalzan la eficaz defensa de Dios a favor de los suyos.
Como el salmo es demasiado largo para leerlo entero cada día, pues tiene veinte versículos, leeremos solamente la mitad para tener una visión general y después comentaremos los versículos siete y ocho con más detalle.
La primera mitad del salmo dice así:
«Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; Contaré todas tus maravillas. Me alegraré y me regocijaré en ti; Cantaré a tu nombre, oh Altísimo. Mis enemigos volvieron atrás; Cayeron y perecieron delante de ti. Porque has mantenido mi derecho y mi causa; Te has sentado en el trono juzgando con justicia. Reprendiste a las naciones, destruiste al malo, Borraste el nombre de ellos eternamente y para siempre. Los enemigos han perecido; han quedado desolados para siempre; Y las ciudades que derribaste, Su memoria pereció con ellas. Pero Jehová permanecerá para siempre; Ha dispuesto su trono para juicio. El juzgará al mundo con justicia, Y a los pueblos con rectitud. Jehová será refugio del pobre, Refugio para el tiempo de angustia. En ti confiarán los que conocen tu nombre, Por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron».
Como hemos prometido, vamos a fijar nuestra Mirada en los versículos siete y ocho de este salmo nueve, que contrasta la brevedad de las glorias de este mundo con la eternidad de Dios, y, además, proclama a Dios como el Gram Juez Universal y Justo, pues estos versículos siete y ocho del salmo nueve dicen así:
«Pero Jehová permanecerá para siempre; Ha dispuesto su trono para juicio. El juzgará al mundo con justicia, Y a los pueblos con rectitud». Vamos poco a poco para repasar un poco estos interesantes versículos.
Primero exalta la eternidad de Dios en contraste con lo efímero de las obras humanas, ya que, después de decir: «las ciudades que derribaste, Su memoria pereció con ellas», dice:
«Pero Jehová permanecerá para siempre». Y, seguidamente, anuncia el establecimiento del Gran Tribunal de Dios para juzgar definitivamente, pues dice:
«Ha dispuesto su trono para juicio». Y tan acostumbrados como estamos a criticar los veredictos de la justicia humana, porque se cometen injusticias, nos advierte el salmista que eso no ocurre con Dios, a pesar de que nadie puede pedirle cuentas a Él ni juzgar sus decisiones, pues dice que ese Santo Tribunal en el cual Dios mismo será el Juez Supremo:
«El juzgará al mundo con justicia, Y a los pueblos con rectitud». Nadie podrá presentar un recurso por ser tratado injustamente. Nadie recibirá una sentencia injusta.
Nadie podrá objetar que no merecía lo que Dios decida. Porque las sentencias serán estrictamente ajustadas a la ley más perfecta que existe, la ley del Dios Santo y perfecto.
¿Sabes que quieras o no quieras tendrás que comparecer ante ese tribunal?
¿Qué sentencia esperas del Dios tres veces santo que conoce al dedillo toda tu vida?
Solo tienes esta vida para resolver ese asunto. Después será tarde.