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Salmo 9 – Ruego (55)

Imagen del programa Salmo 9 – Ruego (55) en Radio Solidaria

SALMO 9 Salmo de David. DEFENSOR

Versículos 19 y 20: Ruego

Bienvenidos a Miradas. En esta Mirada de hoy terminamos nuestro acercamiento al salmo nueve, otro de los salmos de David.

En este salmo David reconoce a Dios como el defensor de su pueblo y de cada creyente.

El salmo es una oración que incluye alabanzas, dos breves peticiones y una serie de declaraciones que ensalzan la fiabilidad y la eficaz defensa de Dios a favor de los suyos.

Como el salmo es bastante largo, pues tiene veinte versículos, y ya llegamos al final, leeremos solamente la segunda mitad para tener una visión general y después comentaremos los versículos diecinueve y veinte, que son los últimos del salmo, con más detalle.

Esa segunda mitad del salmo dice así:

«Cantad a Jehová, que habita en Sion; Publicad entre los pueblos sus obras. Porque el que demanda la sangre se acordó de ellos; No se olvidó del clamor de los afligidos. Ten misericordia de mí, Jehová; Mira mi aflicción que padezco a causa de los que me aborrecen, Tú que me levantas de las puertas de la muerte, Para que cuente yo todas tus alabanzas En las puertas de la hija de Sion, Y me goce en tu salvación. Se hundieron las naciones en el hoyo que hicieron; En la red que escondieron fue tomado su pie. Jehová se ha hecho conocer en el juicio que ejecutó; En la obra de sus manos fue enlazado el malo. Los malos serán trasladados al Seol, Todas las gentes que se olvidan de Dios. Porque no para siempre será olvidado el menesteroso, Ni la esperanza de los pobres perecerá perpetuamente. Levántate, oh Jehová; no se fortalezca el hombre; Sean juzgadas las naciones delante de ti. Pon, oh Jehová, temor en ellos; Conozcan las naciones que no son sino hombres».

Miremos ahora con atención estos dos últimos versículos, el diecinueve y el veinte, con los que termina el salmo, que dicen así:

«Levántate, oh Jehová; no se fortalezca el hombre; Sean juzgadas las naciones delante de ti. Pon, oh Jehová, temor en ellos; Conozcan las naciones que no son sino hombres».

Estos versículos más que una petición parece una demanda que pide se manifieste la gloria de Dios en el mundo, poniendo, de una vez, a cada cual donde le corresponde. Vamos a verlo frase por frase. Comienza diciendo:

«Levántate, oh Jehová; no se fortalezca el hombre».

Es decir, manifiesta tu gloria y tu poder en plenitud, que no se crean los hombres que pueden resistirte o rebelarse impunemente.

La siguiente frase dice:

«Sean juzgadas las naciones delante de ti». Es decir, juzga ya las violencias e injusticias, los reiterados desprecios contra Ti, de la humanidad. Siéntate en tu trono para juzgar definitivamente. Y, por último, la frase que cierra el salmo:

«Pon, oh Jehová, temor en ellos; Conozcan las naciones que no son sino hombres».

La manifestación de la gloria de Dios produce temor y espanto, se hace insoportable para los seres humanos. La Escritura relata múltiples casos.

Por eso dice David: «Pon, oh Jehová, temor en ellos». Y, además, la primera consecuencia de percibir la gloria el poder y santidad divina, es darse cuenta de la pequeñez y debilidad humana.

Es darse cuenta de que, a pesar de lo que creemos son nuestras grandezas, delante de Dios somos como gusanos.

¿Qué es Dios para tí?